domingo, 11 de abril de 2021

llamarada


Aquí

en mis ojeras

un osario.

Expuse los cuerpos

la oquedad 

de su cáscara.


No le pido

lumbre a la ciudad. 

Estos huesos

los volveré ceniza 

brasa

y haré 

con ellas

cuchillas de nácar 

pequeños incendios.


Quizás

la osamenta

no resista la embestida;

quizás

vayamos 

incluso

más lejos que la muerte. 

La única certeza 

de un cadáver

es el polvo. 

Es esta tierra

acumulada en los párpados

y en la voz. 


No le pido lumbre

a la ciudad.

Perdida

siempre

en el eco de las playas ordinarias. 

Quiero 

el ladrido la costra la animita.

Ofrendo 

esta sílaba de sangre

de huida

este signo de arrebato

este pálpito 

de gata callejera. 


sábado, 3 de abril de 2021

Ciudad Féretro

 Hay bocinas, irritantes alarmas por todas partes. La luz de esta ciudad, es una gran baliza. 





Y no siempre se puede correr

trinar

Y si no retengo
la mirada del pájaro
tampoco el recuerdo
de las plumas 
en su cuello
arremangándole la garganta
como pañuelo de muerte


Si
no retengo
el movimiento
aquella sobrevivencia lánguida
entumida
como una fractura en el pecho


Si me quedo 
sólo con su último aliento
con la exhalación premonitoria
del último pulso


Si añado a mí
la mecánica del deceso
del desuso
de sentirme
hastiada
concluyo
entonces:
El pájaro
que hay en mí
se deshace en agrura
arremete contra las paredes de mi voz
y no recuerdo
el silbido
el canto del ímpetu 




Cortejo Fúnebre

 El zorzal, en este día de otoño relativo; de bruma agujereada; se ha vuelto silencio. Hoy la madrugada no evoca pájaros, balazos o imprudencias vehiculares: es este silencio totalitario, una quietud exasperante. Y el hambre, la angustia, la muerte, se enuncian, televisadamente, como errores de traducción; pequeñas irregularidades del orden. Y dicho en retórica abstracta, los errores - esas fallas a corregir - no tienen nombres; tampoco rostros o localizaciones. Cuando se habla de alguien de este lado, es como si se hablara de la nada. Es como cuando se habla del desierto: es una zona inhóspita, tan infértil. Luego, viene la minera a empacharse de sol y cobre. 

Aquí las cosas van igual. Este trozo de mundo es una repetición indefinida: la misma angustia soterrada; la misma policía; la misma obediencia. Lo nuevo, las gaviotas recién nacidas, agolpadas en palmeras viejas. No sé qué decirte, qué decirme. No sé cuánto más aguanten los pájaros que quedan del verano

 

sábado, 13 de marzo de 2021

espina 1


Por políticas de lo impredecible, de lo raro, de aquello que queda por fuera y en contra de la ciudadanía perfectamente identificada e identificable, es que me animo a escribir esta espina. La identidad, como rectora de los movimientos sociales de la democracia, sujeta la acción a un reconocimiento previo, le exige al cuerpo dar testimonio, declararse de forma precisa frente a los tribunales de la corrección política: el visibilizacionismo – como señala Leonor Silvestri – es el eje articulador de esta oleada de grupos que resiste en tanto es alumbrada e identificada, vaya a saber por quién, sobre todo en tiempos de hipervigilancia, punitivismo feminista, cooptación empresarial y asimilación heterosexual.

La afinidad se forja con quién te de plataforma folklorica, un empuje a una adecuada trayectoria militante. Nadie quiere perder su aplauso, su reconocimiento post-mortem en museos, nombramientos de calles, incluso, a más de algunx, le gustaría erigir su figura en reemplazo de monumentos, como la estatua del milico Baquedano, en Santiago. Es ese monumentalismo, esa reterritorialización del mártir y el heroísmo autocompasivo, lo que sostiene a estos movimientos democráticos que, a duras penas, pretenden rasguñar la superficie del ordenamiento heterocapitalista. Es decir ¿para qué remover la estructura, si algún día la puede administrar mi grupo?  Es disputar el reconocimiento estatal, municipal, heterosexual. Es querer cambiar algo; para que todo siga igual.

La identidad determina fronteras; por lo tanto, cuerpos localizables; políticas estáticas, examinables, cerradas. Termina siendo un cerrojo; no permite diluirse en cuestionamientos creativos; no deshace la rigidez del yo. Siempre es: esto soy, esto seré. Es reterritorialización del destino; por lo tanto, de la linealidad, del futuro, del pasado.  Lo mutante; lo oblicuo; lo impreciso permite no quedarse con primeras impresiones; con ingenuas conjeturas acerca del poder. Los grupos empresariales gestionan las identidades para crear políticas de mitigación específicas; para diseñar y construir políticas de exterminio sustentables. Las blancas ricas cis, directo a alta gerencia y dirección; lxs marikonxs; ancianxs; mujeres pobres; racializadxs, a reponer las estanterías del retail y a ser la servidumbre doméstica de las feministas ilustradas magazinezcas o a la cárcel: todo en nombre de la inclusión.

Es la identidad, el bastión del eco-ajuste del capitalismo. La catástrofe capitalista es ahora administrada por emprendedoras y ricachonas mujeres; por gays blancos y sus guaguas recién compradas; por unx que otrx racializadx repartidx en los directorios de asuntos externos y sustentabilidad. Pero no, los grupos movilizados de la democracía, exigen su tajada de reconocimiento. Lo importante no es que la crítica sea más profunda, expansiva, explosiva o conflictiva, sino que seguir siendo conducidxs por unxs otrxs capacitadxs. Es una arremetida del tutelaje y para ello se han actualizado conocidas herramientas: cabildos ciudadanos al comienzo de la revuelta, procesos constituyentes, levantamiento de estatuas –populares-, ollas comunes y acopios organizados por empresas, como Unimarc, empresa controlada por el grupo Saieh. 

El poder no oculta nada (Leonor Silvestri) y pareciera que lo importante es reemplazar las piezas del tablero; no destruirlo. Hoy, cuando el Estado y el Mundo empresarial – simultáneamente – arremeten en contra de grupos de larga resistencia y ofensiva; cuando las cárceles, centros de exterminio, aislamiento y esclavitud de pobres, están cada vez más llenas; cuando el extractivismo, tanto de experiencias como de las aguas-territorios, se intensifica en innumerables cuencas, zonas y localizaciones; lo importante para los militantes de la democracia, es escoger su verdugx.

Los movimientos sociales, se han transformado en una cadencia política de la normalidad. Nada más rígido que sostener procesos levantados por el Estado y el mundo empresarial. Las fuerzas del capitalismo se retroalimentan con la quietud de sus pronunciamientos ciudadanísticos. Es la uniformidad de la palabra; la circulación unívoca de las o LA idea; la re-territorialización del victimismo como excusa política para no interpelar la propia experiencia; lo que ha menguado los panoramas políticos y determinadas subjetividades del tercer mundo y nos deja con ese sabor insípido en la boca. Unxs quieren poner animales en estatuas como una forma de combatir el “humanocentrismo”; otras, empecinadas y convencidas, quieren fortalecer el sistema judicial y penal para frenar los femicidios. La cosa, como se dice, sería entonces ir reformando el modelo; añadiéndole toques de social-democracia europea; ignorar la potencia de la confrontación y el conflicto; evadir la posibilidad de derribar un muro, sin levantar otro. La cosa, entonces, según lxs pontificadorxs de la buena conducta y la tutela, sería fortalecer la cárcel; conjurar una policía feminista; que la dominación sea aún más deseada de lo que ya lo es.

sábado, 6 de marzo de 2021

 Todo se ha reducido a esta articulación imprecisa de palabras: los afectos, la muerte, el odio, el fuego. Hay un dejo de malestar en todas las cosas, incluso en las sencillas y acogedoras. Hoy, más que nunca, vivo en estado de alerta permanente, como una bestia agreste y herida. 


Estas palabras son un coágulo; se me infarta la boca, el pensamiento, la creatividad. El ropaje de la muerte, esos harapos helados y envejecidos, se despliega en los gestos cotidianos, en rostros de amistades y hasta en mi propia sombra. No hay escapatoria definitiva, completa, absoluta. Se trata siempre de huir; evadir el miedo y el confinamiento de las ideas retorcidamente creativas. Sin embargo, a veces no puedo; es el mundo el que me agarra, me zamarrea -como el adulto al niño- y me escupe en sus instalaciones. 


Un cigarrillo tras otro; exhalar, en pequeñas cantidades, mundos angustiantes. Dentro de mi; afuera, a los costados, en multiplicidad de direcciones: todo se va encogiendo, desdibujando su forma. Las cosas mutan de modo singular: algunas advierten el cambio, otras viven su metamorfosis subterráneamente.
 

Todo es tan complejo, corazón y es la ceniza, la que ha poblado mi sangre.

lunes, 8 de febrero de 2021


paréntesis

 Si recuento las palabras; los parpadeos ahogados por el humo; si reconozco que he diseñado un olor para tu piel; que me gustaría morir entre tus pelos; si me concedo este aliento largo y vaporoso; me deshago tan minuciosamente como un pájaro de arena.

lunes, 18 de enero de 2021

opioide

 Estoy arrinconada. He perdido los pensamientos alegres. Por un precipicio se han ido. Creo haberlos empujado, lanzado a un lugar distante. Sé que estas sensaciones no me potencian; es más, me siento frágil y apagada. Como una máquina en desuso, me acurruco en las esquinas. En este rincón, todas las cosas están rotas; todo el paisaje se resume en un ácaro. No quiero, no quiero más esta espina incrustada en el estómago. Me duele la espalda; los ojos se me deshacen.  He visto los rostros, ahora lejanos y silentes. Nunca más albergaré algo detrás de la mirada. No hay espacio para otro tajo; es ruina mi palabra.

Creía tener una coraza; un armazón anti-todo. Y no, no había tal dureza; sólo carne débil. Y ahora, encorvada como un moribundo almácigo, conjuro el lenguaje de la ausencia. Me he ido de mi misma. Arrojé mis costumbres sobre una cama de clavos. Quebré los espejos y el reflejo.

Duele. Duele profundamente.

Si te digo que siento que voy a morir, es porque algo está reventando justo ahora, aquí dentro; una insuficiencia inaudible. Es tanto el líquido, las aguas químicas en mi boca. Cuando aspiro el humo e intento encontrar la nitidez de las palabras, me deshago. Tengo la fuerza acumulada en los párpados. La desesperación no es un símbolo soterrado; es una atmósfera palpable y explosiva. No sé qué hago muriendo. Perdida, voy al silencio. Estremecedor, el silencio viene a mí.  

Gota tras gota; cucharada tras cucharada; me adormezco el cuerpo. ¿Me iré a desplomar sobre la tierra? ¿Recontaré las horas de silencio con piedras y parásitos?

Puedo sentir como un apagón se abalanza sobre mi mandíbula. Aprieto y no hay más fuerza que la de mi columna sosteniéndome. Anestesiada, los rayos de sol me apuñalan. Y la kasa se me viene encima; también los pájaros que rondan el jardín. El graznido de la gaviota; la potencia de los mensajes impredecibles; todo me agujerea el pensamiento. Mi voz es una hoja con las puntas quemadas. Cuando reconozco la ausencia y sus símbolos; no me queda de otra: me hundo en ella; naufrago en mar abierto. Este océano incalculable; este terreno inhóspito me parece desafiante.

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He salido herida; no por primera vez. La heterosexualidad se infiltra; se escabulle. Es una soldado hábil y escurridiza. Puedo ubicarla; trazar en qué lugares de esta genealogía de la opresión se ha entrometido y cuáles ha construido.. Eso sí, aún no he podido arrancármela. Mis disparos han sido imprecisos.

 

- se suspende el show hasta nuevo aviso, corazón -

Las armas deben recargarse. 

viernes, 8 de enero de 2021

sangre

La sangre desparramada en este tajo; sobre esta herida montañosa, se aglutina como un grumo rojo y palpitante. Y los nombres, silabas pertenecientes al deshecho, se lanzan por la borda. Se dice que el pájaro que ha muerto, ha muerto accidentalmente. Toda su patria es un remoto accidente: nadie aquí ha excedido el protocolo; sólo se ha desparramado sangre pobre. El rey ahora tiene disciplina y la reina no sólo come pasteles y se va de fiesta. Juntxs, con su equipo inclusivo y desde su palacio - Av. San Josemaría Escrivá de Balaguer 5600 - dictan las ordenes. La orden es que, contra toda amenaza, la patria transnacional viva. 

Todo se hace en nombre de la justicia: constituciones, marcos legales, acuerdos imperiales. La justicia nos aprieta el cuello. Tenemos la voz hecha un hematoma. No hay ungüento que alivie este ardor. Este ardor vuelto rabia: aquí duele, duele tan profundamente que los huesos se descosen. Regurgitando las palabras, hemos venido. No nos alcanza la desdicha ni la tristeza; esto es más denso, expansivo. Es un océano desprovisto de mesura lo que hay dentro. Y también nombres; piedras; fuego; odios indispensables. 

Si el pájaro muere

y dicen

que fue un accidente

habremos sabido

por susurro 

por suspicacia de zorzal

que fue un accidente provocado

por el Estado de Chile. 


 

de dónde viene la lluvia

Cómo alguna vez le dije a Malva, está chácara lleva más de 230 años hospedando nuestras formas agrícolas de vivir en Horneros, una quebrada ...