jueves, 30 de julio de 2026
Soy cruel, impulsiva, un hombre o algo intermedio, justifico mi índolencia y mi disociacion. No puedo. A pesar del amor y a favor de mi propia desintegración honrosa, no puedo. Quiero dormir para siempre en un lugar donde no se despierta de las pesadillas, dónde no existen los sueños ni las parejas ni el amor ni el trabajo. Ustedes saben cómo aportaron y desaportaron, yo también sé muy bien mi rol, mi gran participación. Conozco mis aguas privadas, mis longevas degradaciones. Y ustedes están, tienen que ver, me los y las y les llevó conmigo a la quemazón del sol, a la lluvia poca y minuciosa. Son una cosa fantasmal, igual que yo, aunque más víctimas, más agredidos y agredidas y agredides por los toreos elementales de la vida. Ojalá ser un orfebre que tallaba sin galón de gas. Ojalá ser un orfebre que talla con galón de gas. Ojalá tallar. Quiero hundir, el relieve, la plataforma en la superficie, no sobre. Odio, sí, odio y mucho odio y amor que es lo mismo pero revestido de promesas muy débiles, escuetas. Las luces de los moteles me animan, me sellan la boca. Te amo. Te amo y me duele y me aqueja está sensación empobrecida, estas almas que se les impone a los indios que no nacimos con cara de mujer y que sin embargo creímos ser una en algún momento. Nada. Nada. Nada. Nada, Valentino. Nada, mi amor. Está la cama hecha, la comida, la gatita, el sexo, todo hecho. Te escucho, secretario de estado, como me dijiste. Te escucha una nadie, una fauna sin endemismo porque habemos indígenas desterrados, simbólica y materialmente. Tu dices que tú tierra es tu cuerpo. No, así no funciona, así no es y no te explícaré cómo opera el racismo genealógico, porque no, porque no. Me dueles, me duele esta distancia aventura, exploratoria. Yo no sé porqué no me quedé con el maricón Juan sacando camarones. Allí, sobre la piedra laja. Después que me tumbe el viento, una libélula o un sapo protegiendo su ecología de musgo. Que alguien me mate. Mantenme.
miércoles, 29 de julio de 2026
Valentino Liberona
Cuando la bruma encuentra amplios lugares en mi emocionalidad oscilante y no hallo sino el árbol caído de la infancia, con sus frutos mordidos por animales de sombra, vuelvo a soñar que te encuentro, mordaz y suave, en las tardes de diciembre. No puedo contraer esta formación de agua, este corazón de piedra huérfana, pero veo y calculo, prosigo, me vuelvo la hibridación entre la liebre y la tortuga y abandono la carrera. Te beso, beso el sol que nace en tus mejillas.
viernes, 17 de julio de 2026
jueves, 16 de julio de 2026
Aguas Superficiales
Hay cosas que podemos dejar, chiquillas. Guarden los celulares chicos, los aguayos, los abrigos. Webonas por qué tanta agua, tanto que abre sus bocas el cielo y nos empapa las enaguas, en tierras incomunicadas, dentro de este container que nos sofoca. Lo bueno es que estamos juntas, sí, juntas salimos, recogimos lo preciso y salimos. ¿Vos tenés abrigo, Sisa? ¿Vos sabes que aquí si no nos salvamos nosotras, el agua nos va a dar mordiscos como perros? Ya, vamos ¡VAMOS! no importa que no se nos quede ese espejo de mosaicos azules y amarillos, con las orillas cubiertas de lana. Un regalo de una tatarabuela. Duele, pero hay que dejarlo. En cambio, llevo velas y estos papeles que indican que puedo trabajar, solo trabajar en este pantano de uvas enormes, cruzado por espinos y algarrobos. Ya, si yo también tengo miedo, pero vamos, apúrense, que esta cosa se mueve como un barco que no tiene velas, sin equilibrio. ¿La llave, Sisa? ¡La llave! La llave, la llave, la llave ¡LA LLAVE! cómo abrimos esto, chiquillas, ya, todas a la una, a las dos, a las tres ¡PATADA!
No sirve, estas uvas no abren containers de metal, no parará está lluvia de acero que dios nos regala como un racimo de nubes altamente llorosas. Entonces, chiquillas, qué hacemos reinas, porque esta cosa se mueve y mueve y nos golpeamos unas contra otras, aferrándonos a las patas de la mesa y las literas que también chocan entre sí y nos vuela los dientes el golpe contra la puerta, nos despoja de las enaguas porque se vuelven pesadas, densas telas que comienzan a flotar como cueros de pescado. ¿Sisa? ¿estás ahí? Esto no tiene cerradura, no debería estar cerrado, deberíamos poder salir rápidamente, pero nos estamos ahogando, Mary, se nos va el aire con tanto cabezazo contra las cuatro paredes alargadas, endurecidas por el frío. Tengo pena, porque voy a morir en esta celda de agua que alguien cerró, dónde alguien cautivó ventanas y puertas y se me va la respiración y toda la vida se me viene encima, con el sol dorando mis recuerdos en Bolivia, mis ojos de lilium, de... arena.
S...ss...si me pillan, si descubren esta plantación de migrantes que tengo ¡POR LA CHUCHA! cómo, cómo me las saco de encima sin tocarlas, sin mirarlas porque si sobreviven me pueden apuntar y van a contar y van a decir porque desafortunadamente saben hablar estas indias de mierda, si yo digo que nunca se debió darle tantas atribuciones intelectuales a tamañas criaturas, descuidadas y tan oscuras. En este momento, deben estar todas juntas, reunidas como pollos, en ese gallinero tan bonito que les presté para acomodar sus porquerías y tan mal agradecidas, diciendo que es muy chico, muy enano para sus cosas ¡DESCARADAS! ¡INDIAS DE MIERDA! Ya, están todas juntas, apretadas como sardinas, es mejor que cruce este riachuelo de pasas y membrillos machucados y les cierre por fuera, sí, eso, por fuera así no me ven, así no me acusan que yo dije que eran mías y no suyas, que debían trabajar y que yo amablemente les ofrecía porotos, uvas, un par de días libres cada dos meses; los buenos tratos son pagados de esta manera ¡CANALLAS! mejor por fuera, que verlas y dispararles, mejor que se las lleve el agua, así, de tanto webear, conocen el mar, así Caldera las recibe con sus roqueríos y playas ordinarias, llenas de animalejos y pájaros hediondos, con flaites y putas sirviendo pescados de roca ¡ÚLTIMO! sí, por fuera, este candado, mierda, la llave, sí, esta es, esta es, así se ahogan como las arañas y se les limpia la memoria, se les borra la respiración, se las comen los lobos marinos, total, nadie sabe de dónde vienen, porque bien buenas que son para cruzar cerros y pampas sin avisar a nadie, llegar aquí y robarle el trabajo a los chilenos, por eso la lluvia las castiga, por eso las encierro para que se vayan flotando con su pobreza y sus anemias y sus dolencias fatigantes, a ver si ven a Dios debajo del agua, a ver si Dios se apiada...
jueves, 9 de julio de 2026
extremidades de edificios viejos
Hay cosas que están distanciadas unas de otras, intocables, como los objetos en un museo. Las emociones mías sufren esa desconexión, esa caída de la A a la Z sin intermedios ni intermediarios. Es un acto de fé seco, llano. Y las noches pasan como grandes salones de desconcierto, helados y pálidos, frente a las cruces del Cerro Santa Lucía. Afuera, los perros engordados y pateados, besan el rocío y su frío transparente...
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