Hay cosas que podemos dejar, chiquillas. Guarden los celulares chicos, los aguayos, los abrigos. Webonas por qué tanta agua, tanto que abre sus bocas el cielo y nos empapa las enaguas, en tierras incomunicadas, dentro de este container que nos sofoca. Lo bueno es que estamos juntas, sí, juntas salimos, recogimos lo preciso y salimos. ¿Vos tenés abrigo, Sisa? ¿Vos sabes que aquí si no nos salvamos nosotras, el agua nos va a dar mordiscos como perros? Ya, vamos ¡VAMOS! no importa que no se nos quede ese espejo de mosaicos azules y amarillos, con las orillas cubiertas de lana. Un regalo de una tatarabuela. Duele, pero hay que dejarlo. En cambio, llevo velas y estos papeles que indican que puedo trabajar, solo trabajar en este pantano de uvas enormes, cruzado por espinos y algarrobos. Ya, si yo también tengo miedo, pero vamos, apúrense, que está cosa se mueve como un barco que no tiene velas, sin equilibrio. ¿La llave, Sisa? ¡La llave! La llave, la llave, la llave ¡LA LLAVE! cómo abrimos esto, chiquillas, ya, todas a la una, a las dos, a las tres ¡PATADA!
No sirve, estás uvas no abren container de metal, no parará está lluvia de acero que dios nos regala como un regalo de nubes altamente llorosas. Entonces, chiquillas, qué hacemos reinas, porque esta cosa se mueve y mueve y nos golpeamos unas contra otras, aferrándonos a las patas de la mesa y las litera que también chocan entre sí y nos vuela los dientes el golpe contra la puerta, nos despoja de las enaguas porque se vuelven pesadas, densas telas que comienzan a flotar como cueros de pescado. ¿Sisa? ¿Estás ahí? Esto no tiene cerradura, no debería estar cerrado, deberíamos poder salir rápidamente, pero nos estamos ahogando, Mary, se nos va el aire con tanto cabezazo contra las cuatro paredes alargadas, endurecidas por el frío. Tengo pena, porque voy a morir en esta celda de agua que alguien cerró, dónde alguien cautivó ventanas y puertas y se me va la respiración y toda la vida se me viene encima, con el sol dorando mis recuerdos en Bolivia, mis ojos de lirio de arena.
Siii...sii me pillan, si descubren está plantación de migrantes que tengo ¡POR LA CHUCHA! cómo, cómo me las saco de encima sin tocarlas, sin mirarlas porque si sobreviven me pueden apuntar y van a contar y van a decir porque desafortunadamente saben hablar estás indias de mierda, si yo digo que nunca se debió darle tantas atribuciones intelectuales a tamañas criaturas, descuidadas y tan oscuras. En este momento, deben estar todas juntas, reunidas cómo pollos, en ese gallinero tan bonito que les presté para acomodar sus porquerias y tan mal agradecidas, diciendo que era muy chico, muy enano para sus cosas ¡DESCARADAS! ¡INDIAS DE MIERDA! Ya, están todas juntas, apretadas cómo sardinas, así que es mejor que cruce este riachuelo de pasas y membrillos machucados y les cierre por fuera, sí, eso, por fuera así no me ven, así no me acusan que yo dije que eran mías y no suyas, que debían trabajar y que yo amablemente les ofrecía porotos, uvas, un par de días libres cada dos meses; los buenos tratos son pagados de esta manera ¡CANALLAS! mejor por fuera, que verlas y dispararles, mejor que se las lleve el agua, así conocen el mar, así Caldera las recibe con sus roqueríos y playas ordinarias, llenas de animalejos y pájaros hediondos, con flaites y putas sirviendo pescados de roca ¡ÚLTIMO! sí, por fuera, este candado, mierda, la llave, sí, esta es, esta es, así se ahogan como las arañas y se les limpia la memoria, se les borra la respiración, se las comen los lobos marinos, total, nadie sabe de dónde vienen, porque bien buenas que son para cruzar cerros y pampas sin avisar a nadie, llegar aquí y robarle el trabajo a los chilenos, por eso la lluvia las castiga, por eso las encierro para que se vayan flotando con su pobreza y sus anemias y sus dolencias fatigantes, a ver si ven a Dios debajo del agua, a ver si Dios se apiada...