domingo, 29 de marzo de 2026

tiempo cero

Me siento despreciada, inútil y desalojada de todas las cosas amadas. De cada fotografía y de cada palabra candorosa o, como por arte de una magia de vidrios, se me cortara de mis propios sentidos, de cualquier experiencia viviente. Soy una cosa tan ida, volátil. No puedo dejar esta tristeza para más tarde, L. Y si aburro y mejor me retiro y si ya no "se pasara" nunca más y hubiese un punto final desde el cual se cae. Ayer, a esta misma hora, recordé los insomnes colores de la infancia. Luego, la consciencia es un lugar sombrío. Creía que me podía refugiar en esta máscara de vanidades, de desconsuelos pobres en espíritu. Ni siquiera llorar parece sensato. Sí, soy excéntrica, actúo, contradigo, peleo contra mí propio espectral. Eso es, una noche de espectrales, un domingo de cuerdas que me abrazan como un abuelo nazi. Tengo que irme, en retirada, compañera, en retirada, dónde sea. Yo misma cavé esta tumba. Tiene inscrito todos mis nombres, todas mis largas vueltas para recién acomodarme un poco en algún sitio y darme cuenta que es demasiado tarde, demasiada humedad en la memoria. La memoria es un moho. Una boca siempre te dirá algo. No quiero interpretar desde la imagen, sino desde el movimiento, hacia donde se dirige el sonido, no qué sonido es o porqué es A y no BÉ. Estoy atormentada. Los lirios se abren, también los naranjosos hibiscus camino al río. Yo me cierro, me disparo las viejas crianzas, los debidos respetos. Anochece. Tengo visiones de noche para siempre. 

miércoles, 25 de marzo de 2026

tortas de Higo en los suelos

el chacal abandona su suerte grisácea para nadie y va sobre la estela dorada y muy cruzada del páramo
vive ahora en la refracción de soles enteros, invertidos,
visibles como higos maduros golpeando la frente, entintando los jugos de la lengua

No tienes posibilidad de zurcir ese par de ojos de cabra
el hilo ahora une esos pies de güiro esa fe de chancho
porqué amas, mi amor, porqué siembras duraznos en la boca del puma

O quisieras morir cuando se dispare la noche
tanto así 
cómo las moscas sobrevolando las patas de los burros

Cuando no tienes tiempo para lanzar cardenales al río 
o decir pavor mientras la secuencia se trata de ajos plateados
guardados en los bolsillos

Tienes tanto pavor mi amor porque la noche te nombra 
te relampaguea la nuca te busca y al desierto
va lo que la noche encuentre a medio dormir con la boca a medio coser

di noche di noche por favor dame esta vez 





martes, 24 de marzo de 2026

NO SE CONFUNDA DE NOMBRE

 

 

NO SE CONFUNDA DE NOMBRE

 

 La particularidad radica en que tres construcciones nuevas colindan notoriamente: el Hospital, el Estadio Municipal y el Cementerio. Entre escombros y cintas de peligro, uno que otro ratón mordiendo conchas y huesos. El cerro sopla su falda sucia, arranca negros polvos a sus orillas. Y ella va, caminando, delgadísima, cruzando buganvilias que supieron sobrevivir al humo, al vapor, a los golpes de calor. En las paredes, alguien graffitió zorros, bombas y advertencias. Los basureros dispuestos en cada esquina anuncian – CUIDA EL MEDIOAMBIENTE -. Y ella va, caminando, con los huesos cansados porque el cuero que la cubre se va cayendo como una lengua muerta y pesa lo mismo que un yunque. Quizás, en algún momento, ella supo hacer lo mismo que las otras ellas: correr tras las palomas, competir con las gaviotas, rendir homenajes al sol. Y ahora, pobrecita ella, tan chiquitita, escuálida, temblando día y noche, tosiendo sangre. Se supone que hay tanta electricidad, tanto hospital, tanta pierna habilitada en las canchas remodeladas. ¿Por qué nadie le ofrece un cuerpo? ahí va, otra vez, cruzando el cementerio y las pérgolas, sobre las flores descartadas, por podridas y feas, igual que ella porque si fuera lo contrario tendría esas tetas rezurcidas y ese hocico menos sediento y los ojos abiertos como dos aceitunas y no como dos tajos que se van abriendo paso hacia el piso.

Alguien decía que vivía donde esa vecina y también en la sede y también en el jardín y también donde esa otra vecina que observa las estrellas cada vez que se cruza una animita.  En la termo también niña, si de allá viene, allá la botaron, como cuando se tiran los papeles y las mugres desde los autos y cayó por aquí, el viento la trajo, igual que la polvareda, la diferencia es que esta se nota menos que las chimeneas y molesta más, porque es fea y porque no sé niña, está bien alejadita de la mano de dios y tiene las tetas colgaaaando, las ocho tetas colgando como tiradas desde las alcantarillas y su paso es lento, lento porque se va deshaciendo con los años y sus heridas abiertas y purulentas se expanden. De algún lado vendrá, porque de aquí no era, de aquí tampoco, no si tampoco era mía no sé porque dicen que yo la traje y vo que tanto te preocupai porque no la tení en tu patio y porque po si ella se maneja en la calle, ella sabe que ya no puede parir, que se va cayendo de cabeza a cola y más encima no acepta ni las migas de pan de la once, es mal agradecida por eso el viento la tiró cerca del cementerio, al lado de los basureros, donde los ratones la esperan para comérsela y roerla cual charqui, como cuando tu tío Alberto colgaba los filetes salados de guanaco, burro, caballo y vaca en las sogas de la casa… así mismo se la van a comer y menos mal que son hambrientas las gaviotas también, porque así se va directo al cielo la pobrecita, no ve que no es de nadie, porque aparte la cancha nueva se ve fea con tanta perra arrastrándose, como mendrugos a las palomas.

Y qué veo, porque ya los ojos se me achican de tanta lagaña, de tanto pestañear la sarna y el otro día esa señora dijo que me iba a tirar bencina para la cuestión, pero mientras su vecina se despedía y daba media vuelta, me pegó una patada en las costillas. Yo me fui, me fui y las buganvilias de aquí me parecen tan hermosas, recuerdo la primera casa donde vivía, donde la reja estaba cubierta por unas fucsia, parecía que mientras más abandonada la planta más crecía y más se alimentaba. Yo me siento un rato a mirarlas, porque siento que somos hermanas pero yo no tengo esas flores escondidas, esa sed y esa hambre que las hace crecer tremendas; tengo ganas de caminar eso sí, siempre por Huasco III, total aquí me trajo el olor a basura, para acá corría el vapor de la termo cuando el viento empujaba la tarde y vine y qué lindo encontrarme con estas plantas, tan solitas y crecidas… igual me parezco, si en algún momento el pelaje me brilló más o menos y uno que otro pendejo me hacia cariño y me robaba las guaguas, no sé porque siempre me robaban las guaguas pero nunca me robaron a mí, nadie me atajó en su encuentro, no me resistieron… debe ser porque soy más grande que una guagua, debe ser porque en los basureros dice – CUIDAR EL MEDIOAMBIENTE – y yo no me llamo medioambiente, quizás mis guaguas se llamaban así y yo me llamo buganvilia.

lunes, 23 de marzo de 2026

Vi mariposas grises y oscuras alimentándose. El sol caía espesamente sobre las parras, como un azote luminoso, un golpe de luz. Yo quería lanzarme al agua, a la madera, a cada surco de los cerros. ¿Por qué no me transformo en otra cosa que no sea una lenta aparición?

martes, 10 de marzo de 2026

Hay que ir a comprar el pan

No tenía más remedio. Nunca lo tuvo porque su padecimiento había sido desplazado a < conducta errónea,  delictual > y los delitos no se curan, se enmiendan con encierro, aún fuera de las penitenciarias. Ágata abre su cartera, espaciosa como una boca desdentada y la llena de artículos premium. Avanza por pasillos, acomoda sus aros de orquídea, estira las arrugas de la blusa y continúa el recorrido. Las tiendas son vigiladas por dispositivos censores, asociados a conductas, incluyendo expresiones faciales, musculares y corporales en general, como la forma en que se acomodan los aros de la oreja. Esta revisión conductual la realiza un completo equipo ubicado en la Central de Telecomunicaciones y Vigilancias Alternadas, mediante sensores espaciales y visuales dispuestos en todos los productos, en cada establecimiento comercial. Entonces, Ágata repasa los apuntes que tomó en Villa Salada, cuando fue detenida por una patrulla sensorial. ¿Su delito? no se sabe porque fue procesada por causa común y en el Código Penal de Comportamientos Arbitrarios se establece que quien fuese sorprendide, in-situ o retrospectivamente mediante la revisión de sensores de espacialidad y movimiento, planificando una posible acción indecorosa, como correr, barrer las veredas en compañía o cualquier comportamiento que implique conversaciones posiblemente sospechosas, movimientos extrañamente cautos o bruscos, será inmediatamente procesade bajo el cargo de Persona Inadecuada, cuya pena equivale a ocho años de encierro mínimo en su propia casa, con libertad total de movimiento a cien metros a la redonda, implementando además un sensor de ruido debajo de su lengua y un sensor de movimiento en sus párpados para medir pronunciaciones, modulaciones o miradas sospechosas. En estos apuntes, Ágata anotó casi en un estado intermedio puro de la agitación y la calma, que debes quedarte quieta, lo suficientemente quieta para que piensen que caminas y debes caminar como si estuvieras corriendo para mantener los índices del sensor extraviados,  o algo así dijo la Polipoket, que había que ir como una líbelula media muerta aterrizando en la nada y mirar, niña, eso me decía, mirar como se miraba a los muertos que nadie quería en sus entierros, sin ningún interés ni gracia particular pero fijamente, niña, sin ponerte nerviosa que sino los sensores de los párpados te cierran los ojos y despiertas en tu casa, pegándote cabezazos hasta el desmayo. 

Agarra su cartera nuevamente, camina y corre y se detiene sólo en su cabeza porque parar es sinónimo de titubeo emocional, de duda y la duda es sospecha y debe seguir, con lista en mano, escogiendo todos los productos con aparente seguridad. El almacén es un bodegón custodiado sólo por sensores, el dinero tiene sensor de humedad para detectar sudor y nerviosismo. Las tarjetas han sido desechadas porque Personas Inadecuadas, las cubrieron con fundas acrílicas y aislantes, impidiendo la lectura. Escoge todos los productos anotados en la lista, lista que también tiene un sensor de movimiento para analizar caligrafía y calidad y consistencia en el trazo y la letra. Ágata había aprendido a sobrevivir al almacén, entre góndolas practicamente vacías y muy heladas, porque el aforo era de una persona por semana, divididas por capacidad adquisitiva, antecedentes sensoriales, adaptación al Rol Único de Género y al Control de Edad Permitida. La edad es regulada como la velocidad en una avenida transitada a todo hidrógeno. Pasado los cuarenta y nueve años, debes inscribirte en los Servicios de Cuidados de Alta Incorporación, para dedicarse a labores exclusivamente domésticas en hogares de alta gerencia. A pesar de ser un deber ciudadano, en las afueras, entre las Quebradas del Copao y El Secano de La Nada, grandes grupos de personas mayores de cuarenta y nueve años se esconden impecablemente y han producido una resistencia al acto de servir llamada Fóbicos a la Sobremesa de Gerencia, clara alusión a que la extendida y extensa sobremesa de quienes pertenecen a la Clase Entendida, es prácticamente una labor de limpieza y cuidado infinito. 

Al momento de depositar treinta y dós billetes de bronce, suena un sensor de humedad. Se activa el protocolo, ella suda por temor y por sentirse sospechosamente inquieta, revisa su cartera por si por error olvidó disponer un billete en el recipiente y no, no encuentra nada y, mientras el protocolo activa la etapa de Forzar Párpados, Ágata utiliza la técnica descrita en la antepenúltima hoja de la libreta:

weona, recuerda, tú no eres de acá, tu eres de la quebrada, tu eres una vieja retirada y que las prótesis se gastan, por más que le apliques polygel de uñas a tus palmas para encapsular el sudor, eres vieja y debes volver, mediante tres taconazos seguidos, a comunicarte, con las camaradas, ellas sabrán que hacer, eso dijo la Julia, me los dijo apurada pero le entendí porque modulaba perfectiiito la vieja puta. Te apagarán, te cerrarán los párpados como dos nueces podridas y verás nada y nadie te verá y aparecerás en tu casa. Pero el oído, el oído recordará, como viejas campanas, los tres taconazos. Llegarán las viejas, recuerda que eres una Fóbica y una Vieja Odiosa, mi niña, que de niña naaaada, niña... así que ya, recuerda, nosotras iremos por ti, tu única misión es mapear el almacén, tomar una muestra de cada producto para entender cómo desconectar los sensores, weona, ese es tu trabajo, tu labor, mi amor ¿o quieres limpiarle el water a las de arriba? Tenemos que apuntar, detalladamente, si es que hay sensores en los productos o si los productos son los sensores... mi niña, toma, esta medallita de San Lorenzo, no la detecta nada porque es más vieja que todas juntas, aquí la fé es como esa tradición que había antes de comer chocolatito antes de algo que te pusiera temblorosa como una gelatina, esas que nos daban en el comedor de siervos, tan mala que sabía esa cosa, Ágata, por eso concéntrate, fíjate mi amor, nosotras te rescatamos, de tu casa o del almacén, pero ahí estaremos, antes de que te revientes la cabeza a cabezazos contra el muro o contra los espejos o las ventanas y si puedes, intenta correr para saber si algo impide la aceleración, todo es importante, corre o grita, necesitamos saber si los sensores son cosas o somos nosotras mismas... 

lunes, 2 de marzo de 2026

explicaciones de lámpara

Por dónde empezar si la circunsferencia es emocional, es ampliamente disipada pájaro nocturno y yo no veo, pareciera ser que no veo lo suficiente. A medias. Mitades. Incompletitud incomprendida porque las danzas están ahuecadas, no hay coreografía en las voces que podrían decir: Fen, esto no es una zona de catástrofe. Pero qué mentira, qué engaño asiste el cuerpo cuando no se asume o se reconocen sus coordenadas. No estoy sana, nunca lo estaré. Con Leonor Silvestri he aprendido que la oxidación es lo inevitable en cualquier cuerpo, de igual manera la perseverancia en el propio ser. Incluso la materia inerte se propone su continuidad. De mis diagnósticos, he aprendido a reírme de los psicólogos y psiquiatras sin que ellos se enteren o les interese o les importe (porque únicamente la facturación, la prolongacion a la dependencia terapéutica). Enemiga psíquica. Podría decir que estoy vacua como una bolsa de plástico, porque no hablo, no comunico, no manifiesto. Tú dices, tú enlazas. Y me dices soledad y me dices que si logro visualizar la experiencia solitaria, que si acaso puedo apenas salir de mi propia experiencia. No te puedo entender, no puedo siquiera plantearme la inquietud sino es a través de esto que me compone enteramente que es el contexto, el cuerpo, el lenguaje. No entiendo. Porqué vuelvo a asistir a duelos, a conversar con espectros desconocidos, lejanos; no entiendo, incluso en las zonas intermedias del espíritu, porqué debería incorporarme a esa fantasmagoría... 

Tengo certeza: sí, es el miedo a creer, a profesar confianzas sin mediación crítica porque es el piso mínimo de cualquier encuentro.  Eso me dicen. Que confíe. Eso me dijeron y me arrancaron el corazón y lo tiraron contra el muro. Ese muro temo. Y temo porque estoy atenta a las palabras, a las expresiones. Quizás, de manera similar a cómo te planteas tú, desde el límite. Sí, desde el límite a no perecer bajo otra sombra, a no permitir la máquina retroexcavadora. ¿Tienes el poder? ¿crees que necesitas más contención, como las represas? 

No me contengo
pero entiendo
No me contengo
pero crees que puedo
No me contengo
porque nada es igual dos veces
y la experiencia
tiende a la amplitud, a la mutación

Hay un vuelo de pájaro sosegado
de piedra pateada a lo lejos
que aguarda la hora
y el minuto donde se deshace el cuerpo
el tiempo
de agitación

la noche descose ojos
truena sus dedos luminosos

me agito
pienso



La finura en la piedra, esa que lanzaste al otro lado del río, pleno y fresco. Un enjambre de libélulas y golondrinas cruza la superficie. Un sonido emerge, una música que une la orilla a la profundidad. Aquí, hace algunas muertes atrás, alguien encontraba su lugar de peregrinación, su disparidad. Alguien toma dos piedras y las esconde en los bolsillos. Avanza, lentamente, por el musgo y la pirca. Detente. No es un río. No es un hundimiento. No te has sumergido. Mira, toca la cubierta de estas cosas suspendidas frente a ti. ¿Ásperas? ¿lejanas como los cuerpos de las fotografías, donde eras apenas, donde fuiste acaso, durante la niñez? 

Entonces, yacen los lenguajes familiares, con sus rostros revueltos o las generaciones que acompañaron las idas a los ríos, mueren mueren porque te has ido y te han expulsado y has querido retornar como una mitología veraniega, sosegada sólo en el ocaso, ardiente y llorosa. Tanta ruta de ida o hermosura de cántaro a mitad del desierto y vienes y vas pensando en qué sería mejor, qué agua beber... 

Te mece el río, los ríos te mecen y los muertos besan tu espalda y lloras dulcemente, porque han venido, porque te han oído decir < aquí y ahora, me envuelven >...

Y no vives de muertos y no sabes resistir esta arquitectura de espectros y sombras... 

Detente. No es un río. Es una voz. Dice lo siguiente, presta atención: 

Al otro lado del río
Al otro lado del río
la virtuosidad
y en la pirca 
el espíritu
la caída la luna asombrosamente cerca los peces de la memoria los amores perros la saliva los autos moteleros tu amor tú amor tu nada tu fantasiosa soledad tu éxtasis la noche empalagosa la noche por siempre la piedra y su finura los espectros las fotografías quemadas y el espíritu el espíritu el espíritu...







lunes, 23 de febrero de 2026

así los cuerpos y la honda niebla, el frío vapor

Mi nombre quedó repartido
en pañuelos vegetales; 
diste vueltas alrededor
de sillas soleadas
lloraste puramente
y mis manos hacían
muecas de ancla sosegada

En este valle
refulgentes panoramas
y miro y observo
estás como algo
que se desplaza sin un centro 

Poco mundo poca cosa
se diría
pero más tarde viene la noche entera
y los muertos de agua
comen duraznos y tiran a la orilla de los ríos

Puedo sentir tus besos
y flotar flotar hasta acompasarme
a la cadencia del recuerdo, en su génesis

No porqué
sino cómo

Es cómo suena tu voz 
cuando encuentra eco en mi boca 
Es cómo devuelves la palabra
hacia atrás y adelante

No supe no sabré
y las aguas a la entrada del desierto
hidratan torsos y labios 
y más tarde, cuando
se disipa cuando se templa
la calor,
una extraña emanación
una sensación de amor
una extrañeza, digo
y tú
tú envolviéndome 

jueves, 19 de febrero de 2026

qué te pedí

Yo. Yo. Yo. No. Esta vez no estoy. No han descorrido las cortinas y no ha entrado la luz. Y si me hundo y si voy a la pregunta como una criatura desolada o una cosa disipada, oblicua. No te miento. A veces me repliego. A veces muerdo. Tú para mí eres importante, también lo es mi respiración, mis palpitaciones. No pido ni pediré nada. Lo que has dado es por intercambio sincero, escojo creer que aún existen... ¿será? ¿será esta vez una nueva vez de quiebre de formas y modos? Siento que enfermo, me duele el centro del cuerpo, por ambos reversos y lloro porque siento que cae algo lo suficientemente grande para que venga el miedo, lo suficientemente pequeño para no irse, para darle tiempo, incorporarse...

La paciencia, mi prudencia, la efervecencia de los mensajes digitales, siempre frescos y sobre la marcha, siempre tan pedidos y ansiosamente esperados. Tengo pena y dudas. Una seguidilla de espectros reaparece. ¿Podré? 

Lamentosa. O lista para poner límites. Poner un límite se siente parecido a vomitar o a confrontar o a defenderse en la calle de orgías nazis y ciudadanas. Que me pateen como un perro. Yo muerdo y lloro y escupo sangre. Y amo o eso dicen, que puedo amar, que comprendo, que no cuido, que sí, que soy ensimismada, que escucho, que no oigo, que debería, que espero, que soy, que pudiese...

soy nada
nada
acoplo nada beso nada 
me nombro nada 
y abrazo esta noche rota
roída como un palo viejo

martes, 17 de febrero de 2026

Siento como algo se expande. Ahora, abre los ojos. Estás solo. Sólo y el silencio te envuelve. Sola y febril, escribes lo que pareciera ser un par de instrucciones:

1. No tengo naturaleza, por lo tanto, no espero que me entiendas sin historizar, sin genealogía como una voz ahuecada o una fuerza sin componentes contrarios. 

2. Espera. No en el sentido de esperar algo. El acontecimiento es la propia espera, allí yace su contrariedad, su oponencia vital hacia sí misma. Espera y verás mi fruto, oscuro y ardiente. Cómelo. Un vaho me cubrirá los ojos. Un vapor de pájaro negro dirá tu nombre, perecedero, lejano y en la orilla. Espera. Tengo algo para ti. Tengo algo que es más grande que una sombra. 

tiempo cero

Me siento despreciada, inútil y desalojada de todas las cosas amadas. De cada fotografía y de cada palabra candorosa o, como por arte de una...