Leo Maslei
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martes, 10 de marzo de 2026
Hay que ir a comprar el pan
No tenía más remedio. Nunca lo tuvo porque su padecimiento había sido desplazado a < conducta errónea, delictual > y los delitos no se curan, se enmiendan con encierro, aún fuera de las penitenciarias. Ágata abre su cartera, espaciosa como una boca desdentada y la llena de artículos premium. Avanza por pasillos, acomoda sus aros de orquídea, estira las arrugas de la blusa y continúa el recorrido. Las tiendas son vigiladas por dispositivos censores, asociados a conductas, incluyendo expresiones faciales, musculares y corporales en general, como la forma en que se acomodan los aros de la oreja. Esta revisión conductual la realiza un completo equipo ubicado en la Central de Telecomunicaciones y Vigilancias Alternadas, mediante sensores espaciales y visuales dispuestos en todos los productos, en cada establecimiento comercial. Entonces, Ágata repasa los apuntes que tomó en Villa Salada, cuando fue detenida por una patrulla sensorial. ¿Su delito? no se sabe porque fue procesada por causa común y en el Código Penal de Comportamientos Arbitrarios se establece que quien fuese sorprendide, in-situ o retrospectivamente mediante la revisión de sensores de espacialidad y movimiento, planificando una posible acción indecorosa, como correr, barrer las veredas en compañía o cualquier comportamiento que implique conversaciones posiblemente sospechosas, movimientos extrañamente cautos o bruscos, será inmediatamente procesade bajo el cargo de Persona Inadecuada, cuya pena equivale a ocho años de encierro mínimo en su propia casa, con libertad total de movimiento a cien metros a la redonda, implementando además un sensor de ruido debajo de su lengua y un sensor de movimiento en sus párpados para medir pronunciaciones, modulaciones o miradas sospechosas. En estos apuntes, Ágata anotó casi en un estado intermedio puro de la agitación y la calma, que debes quedarte quieta, lo suficientemente quieta para que piensen que caminas y debes caminar como si estuvieras corriendo para mantener los índices del sensor extraviados, o algo así dijo la Polipoket, que había que ir como una líbelula media muerta aterrizando en la nada y mirar, niña, eso me decía, mirar como se miraba a los muertos que nadie quería en sus entierros, sin ningún interés ni gracia particular pero fijamente, niña, sin ponerte nerviosa que sino los sensores de los párpados te cierran los ojos y despiertas en tu casa, pegándote cabezazos hasta el desmayo.
Agarra su cartera nuevamente, camina y corre y se detiene sólo en su cabeza porque parar es sinónimo de titubeo emocional, de duda y la duda es sospecha y debe seguir, con lista en mano, escogiendo todos los productos con aparente seguridad. El almacén es un bodegón custodiado sólo por sensores, el dinero tiene sensor de humedad para detectar sudor y nerviosismo. Las tarjetas han sido desechadas porque Personas Inadecuadas, las cubrieron con fundas acrílicas y aislantes, impidiendo la lectura. Escoge todos los productos anotados en la lista, lista que también tiene un sensor de movimiento para analizar caligrafía y calidad y consistencia en el trazo y la letra. Ágata había aprendido a sobrevivir al almacén, entre góndolas practicamente vacías y muy heladas, porque el aforo era de una persona por semana, divididas por capacidad adquisitiva, antecedentes sensoriales, adaptación al Rol Único de Género y al Control de Edad Permitida. La edad es regulada como la velocidad en una avenida transitada a todo hidrógeno. Pasado los cuarenta y nueve años, debes inscribirte en los Servicios de Cuidados de Alta Incorporación, para dedicarse a labores exclusivamente domésticas en hogares de alta gerencia. A pesar de ser un deber ciudadano, en las afueras, entre las Quebradas del Copao y El Secano de La Nada, grandes grupos de personas mayores de cuarenta y nueve años se esconden impecablemente y han producido una resistencia al acto de servir llamada Fóbicos a la Sobremesa de Gerencia, clara alusión a que la extendida y extensa sobremesa de quienes pertenecen a la Clase Entendida, es prácticamente una labor de limpieza y cuidado infinito.
Al momento de depositar treinta y dós billetes de bronce, suena un sensor de humedad. Se activa el protocolo, ella suda por temor y por sentirse sospechosamente inquieta, revisa su cartera por si por error olvidó disponer un billete en el recipiente y no, no encuentra nada y, mientras el protocolo activa la etapa de Forzar Párpados, Ágata utiliza la técnica descrita en la antepenúltima hoja de la libreta:
weona, recuerda, tú no eres de acá, tu eres de la quebrada, tu eres una vieja retirada y que las prótesis se gastan, por más que le apliques polygel de uñas a tus palmas para encapsular el sudor, eres vieja y debes volver, mediante tres taconazos seguidos, a comunicarte, con las camaradas, ellas sabrán que hacer, eso dijo la Julia, me los dijo apurada pero le entendí porque modulaba perfectiiito la vieja puta. Te apagarán, te cerrarán los párpados como dos nueces podridas y verás nada y nadie te verá y aparecerás en tu casa. Pero el oído, el oído recordará, como viejas campanas, los tres taconazos. Llegarán las viejas, recuerda que eres una Fóbica y una Vieja Odiosa, mi niña, que de niña naaaada, niña... así que ya, recuerda, nosotras iremos por ti, tu única misión es mapear el almacén, tomar una muestra de cada producto para entender cómo desconectar los sensores, weona, ese es tu trabajo, tu labor, mi amor ¿o quieres limpiarle el water a las de arriba? Tenemos que apuntar, detalladamente, si es que hay sensores en los productos o si los productos son los sensores... mi niña, toma, esta medallita de San Lorenzo, no la detecta nada porque es más vieja que todas juntas, aquí la fé es como esa tradición que había antes de comer chocolatito antes de algo que te pusiera temblorosa como una gelatina, esas que nos daban en el comedor de siervos, tan mala que sabía esa cosa, Ágata, por eso concéntrate, fíjate mi amor, nosotras te rescatamos, de tu casa o del almacén, pero ahí estaremos, antes de que te revientes la cabeza a cabezazos contra el muro o contra los espejos o las ventanas y si puedes, intenta correr para saber si algo impide la aceleración, todo es importante, corre o grita, necesitamos saber si los sensores son cosas o somos nosotras mismas...
lunes, 2 de marzo de 2026
explicaciones de lámpara
Por dónde empezar si la circunsferencia es emocional, es ampliamente disipada pájaro nocturno y yo no veo, pareciera ser que no veo lo suficiente. A medias. Mitades. Incompletitud incomprendida porque las danzas están ahuecadas, no hay coreografía en las voces que podrían decir: Fen, esto no es una zona de catástrofe. Pero qué mentira, qué engaño asiste el cuerpo cuando no se asume o se reconocen sus coordenadas. No estoy sana, nunca lo estaré. Con Leonor Silvestri he aprendido que la oxidación es lo inevitable en cualquier cuerpo, de igual manera la perseverancia en el propio ser. Incluso la materia inerte se propone su continuidad. De mis diagnósticos, he aprendido a reírme de los psicólogos y psiquiatras sin que ellos se enteren o les interese o les importe (porque únicamente la facturación, la prolongacion a la dependencia terapéutica). Enemiga psíquica. Podría decir que estoy vacua como una bolsa de plástico, porque no hablo, no comunico, no manifiesto. Tú dices, tú enlazas. Y me dices soledad y me dices que si logro visualizar la experiencia solitaria, que si acaso puedo apenas salir de mi propia experiencia. No te puedo entender, no puedo siquiera plantearme la inquietud sino es a través de esto que me compone enteramente que es el contexto, el cuerpo, el lenguaje. No entiendo. Porqué vuelvo a asistir a duelos, a conversar con espectros desconocidos, lejanos; no entiendo, incluso en las zonas intermedias del espíritu, porqué debería incorporarme a esa fantasmagoría...
Tengo certeza: sí, es el miedo a creer, a profesar confianzas sin mediación crítica porque es el piso mínimo de cualquier encuentro. Eso me dicen. Que confíe. Eso me dijeron y me arrancaron el corazón y lo tiraron contra el muro. Ese muro temo. Y temo porque estoy atenta a las palabras, a las expresiones. Quizás, de manera similar a cómo te planteas tú, desde el límite. Sí, desde el límite a no perecer bajo otra sombra, a no permitir la máquina retroexcavadora. ¿Tienes el poder? ¿crees que necesitas más contención, como las represas?
No me contengo
pero entiendo
No me contengo
pero crees que puedo
No me contengo
porque nada es igual dos veces
y la experiencia
tiende a la amplitud, a la mutación
Hay un vuelo de pájaro sosegado
de piedra pateada a lo lejos
que aguarda la hora
y el minuto donde se deshace el cuerpo
el tiempo
de agitación
la noche descose ojos
truena sus dedos luminosos
me agito
pienso
La finura en la piedra, esa que lanzaste al otro lado del río, pleno y fresco. Un enjambre de libélulas y golondrinas cruza la superficie. Un sonido emerge, una música que une la orilla a la profundidad. Aquí, hace algunas muertes atrás, alguien encontraba su lugar de peregrinación, su disparidad. Alguien toma dos piedras y las esconde en los bolsillos. Avanza, lentamente, por el musgo y la pirca. Detente. No es un río. No es un hundimiento. No te has sumergido. Mira, toca la cubierta de estas cosas suspendidas frente a ti. ¿Ásperas? ¿lejanas como los cuerpos de las fotografías, donde eras apenas, donde fuiste acaso, durante la niñez?
Entonces, yacen los lenguajes familiares, con sus rostros revueltos o las generaciones que acompañaron las idas a los ríos, mueren mueren porque te has ido y te han expulsado y has querido retornar como una mitología veraniega, sosegada sólo en el ocaso, ardiente y llorosa. Tanta ruta de ida o hermosura de cántaro a mitad del desierto y vienes y vas pensando en qué sería mejor, qué agua beber...
Te mece el río, los ríos te mecen y los muertos besan tu espalda y lloras dulcemente, porque han venido, porque te han oído decir < aquí y ahora, me envuelven >...
Y no vives de muertos y no sabes resistir esta arquitectura de espectros y sombras...
Detente. No es un río. Es una voz. Dice lo siguiente, presta atención:
Al otro lado del río
Al otro lado del río
la virtuosidad
y en la pirca
el espíritu
la caída la luna asombrosamente cerca los peces de la memoria los amores perros la saliva los autos moteleros tu amor tú amor tu nada tu fantasiosa soledad tu éxtasis la noche empalagosa la noche por siempre la piedra y su finura los espectros las fotografías quemadas y el espíritu el espíritu el espíritu...
lunes, 23 de febrero de 2026
así los cuerpos y la honda niebla, el frío vapor
Mi nombre quedó repartido
en pañuelos vegetales;
diste vueltas alrededor
de sillas soleadas
lloraste puramente
y mis manos hacían
muecas de ancla sosegada
En este valle
refulgentes panoramas
y miro y observo
estás como algo
que se desplaza sin un centro
Poco mundo poca cosa
se diría
pero más tarde viene la noche entera
y los muertos de agua
comen duraznos y tiran a la orilla de los ríos
Puedo sentir tus besos
y flotar flotar hasta acompasarme
a la cadencia del recuerdo, en su génesis
No porqué
sino cómo
Es cómo suena tu voz
cuando encuentra eco en mi boca
Es cómo devuelves la palabra
hacia atrás y adelante
No supe no sabré
y las aguas a la entrada del desierto
hidratan torsos y labios
y más tarde, cuando
se disipa cuando se templa
la calor,
una extraña emanación
una sensación de amor
una extrañeza, digo
y tú
tú envolviéndome
jueves, 19 de febrero de 2026
qué te pedí
Yo. Yo. Yo. No. Esta vez no estoy. No han descorrido las cortinas y no ha entrado la luz. Y si me hundo y si voy a la pregunta como una criatura desolada o una cosa disipada, oblicua. No te miento. A veces me repliego. A veces muerdo. Tú para mí eres importante, también lo es mi respiración, mis palpitaciones. No pido ni pediré nada. Lo que has dado es por intercambio sincero, escojo creer que aún existen... ¿será? ¿será esta vez una nueva vez de quiebre de formas y modos? Siento que enfermo, me duele el centro del cuerpo, por ambos reversos y lloro porque siento que cae algo lo suficientemente grande para que venga el miedo, lo suficientemente pequeño para no irse, para darle tiempo, incorporarse...
La paciencia, mi prudencia, la efervecencia de los mensajes digitales, siempre frescos y sobre la marcha, siempre tan pedidos y ansiosamente esperados. Tengo pena y dudas. Una seguidilla de espectros reaparece. ¿Podré?
Lamentosa. O lista para poner límites. Poner un límite se siente parecido a vomitar o a confrontar o a defenderse en la calle de orgías nazis y ciudadanas. Que me pateen como un perro. Yo muerdo y lloro y escupo sangre. Y amo o eso dicen, que puedo amar, que comprendo, que no cuido, que sí, que soy ensimismada, que escucho, que no oigo, que debería, que espero, que soy, que pudiese...
soy nada
nada
acoplo nada beso nada
me nombro nada
y abrazo esta noche rota
roída como un palo viejo
martes, 17 de febrero de 2026
Siento como algo se expande. Ahora, abre los ojos. Estás solo. Sólo y el silencio te envuelve. Sola y febril, escribes lo que pareciera ser un par de instrucciones:
1. No tengo naturaleza, por lo tanto, no espero que me entiendas sin historizar, sin genealogía como una voz ahuecada o una fuerza sin componentes contrarios.
2. Espera. No en el sentido de esperar algo. El acontecimiento es la propia espera, allí yace su contrariedad, su oponencia vital hacia sí misma. Espera y verás mi fruto, oscuro y ardiente. Cómelo. Un vaho me cubrirá los ojos. Un vapor de pájaro negro dirá tu nombre, perecedero, lejano y en la orilla. Espera. Tengo algo para ti. Tengo algo que es más grande que una sombra.
domingo, 15 de febrero de 2026
la casa de la sombra
Tiende su mano dentro de la casa azul, con paredes de yeso y cal y barro naranjoso. Adentro hay píldoras, un sólo vaso de agua, papel, tres mil gatos negros y uno que otro fantasma, flotando como espectros acuáticos, fallecidos en el agua. No se puede sacar nada de la casa, no porque esté vigilada o por limitancias morales de la mano. La mano es una estructura. Está diseñada para tomar o dejar o no hacer nada más que ser una mano. En la casa, las cosas sólo existen porque existen en la casa azul. No se puede retirar un fantasma y disponerlo a pasearse como nada en una capilla, otro barrio o debajo de un puente. Los tres mil gatos no caben en otra casa que no sea la casa azul, allí tienen siempre un vaso de agua y en el, sacían su sed y su hambre. En el papel, está escrito que las manos podrán reconocer los objetos, pero al intentar sostenerlos o arrebatarlos, estos se re-acomodarán. Alguien quiso esta casa. Alguien alimentó su estructura con pergaminos protectores. Es una casa pequeña, protegida, fresca. Los gatos caben impresionantemente. El agua del vaso se reproduce por sí sola, por magia vaporosa. Las pildoras es lo único que está exento de privación e infinidad. La mano toma una píldora para siempre, la lleva a otra casa que es la casa de la boca. Tiene un vaso de agua que es la saliva. Siempre está lleno. La mano es suave, no tiembla. La mano es una casa arcillosa, parecida a las paredes. Justamente es una pared, contiene cosas palpitantes, vivas. ¿Y los gatos? los gatos se acomodan en estanterías, maceteros y escaleras al interior de la casa. Observan la noche tras la única ventana. Una gran masa de ojos expandidos ilumina el vidrio. La mano los acaricia, les señala caminos y recovecos nuevos. Toma una píldora. Ocupa su vaso de agua que es la lengua y digiere suavemente. Las pastillas son dulces en otras partes. Los espectros nadan por la casa, incapaces de beber, acariciar y pisar suelos o tocar objetos. Pero están, invisibles y visibles, como la electricidad. Son un fenómeno de luz, de fuerza o de energía mortal. Perseverar incluso en su nada o ser okupas de una casa de objetos vivos. La ocupación. Es la casa del lenguaje. Y el lenguaje es desalojado por la mano. Mordido por los gatos. Saciado por el vaso de agua. Absorbido por fantasmas y escuálidas formas de no existencia. Escrito en pergaminos de orden, está prohibido invocar el lenguaje. Entonces, fantasmas y gatos, deciden abrir y patear estanterías. Algo cae. El vaso de agua. La mano entra y corta, por accidente, sus tendones y venas. Gatos y fantasmas la beben. Los espectros pueden consumir líquidos espesos. En la casa, la casa de la voz agita sus campanas. Está prohíbido el lenguaje. Y compartir algo nuevo es abrir la casa del lenguaje que está en todas partes, pero que por todas partes había estado cerrada. Entonces, tres mil gatos negros se esconden en las escaleras. Los fantasmas se envuelven en cortinas gruesas, no vaya a ser cosa que los vean empapados de sangre, dando nuevamente forma o cuerpo o simplemente figuración a sus osamentas transparentes. La mano, mediante la casa del lenguaje, jadea como una serpiente partida en dos. Sangra. Alimenta la casa. La bendice con jugos y fluidos sin querer. Algo se abre a medias en el centro, justo debajo de la escalera principal. Los gatos, rapidamente, esquivando quien sabe qué cosa, asisten a la apertura. Dos pequeñas puertas, pesadas y viejas. Los fantasmas, ahora, con fuerza de vivos, abren de par en par las puertitas de noble madera. Es un napoleón, viejo, aparentemente útil, polvoroso. Tiene una nota. Un fantasma, recuperados sus brazos, dedos, falanges y tendones, suavemente desliza la yema por la letra. Reconoce el idioma. Puede jurar que sabe que dice, pero no tiene boca todavía. Los gatos entierran un pedazo de vidrio en la mano. Sangra nuevamente y los cuerpos a media se empapan. Se ubica frente a la ventana, donde el sol, desde lejos, apura el secado y la transformación de una cara rota en una cara rota con lengua. Entonces, mientras todos se acercan a las puertitas y al papel, el fantasma dice: - este es idioma de vivos, pero algo he estudiado, algo muy poco, algo nada más e instuyo que el papel no contiene ninguna palabra- . Los gatos maullan ferozmente, se sacan los ojos, se arrancan patas y colas y se recomponen igual que la sed y el vaso de agua. Entonces, la casa azul comienza a retumbar. Las campanas se agitan como palomas azotadas. El cal de las paredes cubre a los muertos. Los gatos esconden el vaso de agua. La mano entra y sale, porque siente movimiento y disparidad en el silencio. Se astilla un dedo y se retira, dejando un rastro carmín. Y, ahora, los gatos se preguntan, menos el gato envejecido, por dónde entra y sale la mano. Y los fantasmas, se preguntan porque los gatos tienen la capacidad de entrar en la casa de la pregunta. Alguien dice, gata o muerto, dónde se ha ido la mano y por dónde vendrá. El napoleón, según dice un libro de herramientas del acero, sirve para abrir cosas. Pero los vasos de agua no se abren y sería desastroso abrir un libro con algo tan pesado. Según, continúa el libro - señala el fantasma calizo - también corta. Cortar y abrir. - ¡cómo encontramos esto! - exclama severo el gato viejo - abriendo una puerta con fuerza - responden los fantasmas. Ahora, los gatos (2.999) preguntaban, los fantasmas abren puertas, las manos se lanzan a cortarse y desmembrarse para tener conocimiento. La casa, a cada movimiento peligroso, es decir, movida que pudiera revelar qué se hace con un napoleón, agitaba el campanario y retumbaba su ventana, ahuyentando gatos y transparencias. Nadie bebe del agua. Nadie confía, ahora, en las paredes que son paredes como una mano que se abre como una puerta y que contiene algo dentro como un napoleón y una carta. Entonces, el fantasma lector, luego de darle varias vueltas al asunto (qué hacer), decide abrazar la mano y no soltarla hasta que esta volviera a salir. La mano no salió, no salió y el fantasma desistió por la sed. Los fantasmas viven en el agua. Son la sed misma. Más tarde, la noche se expande por la ventana que es el único lugar por donde se ve. Los gatos sienten e interrogan al vidrio. Todo es lenguaje. Se preguntán porqué el vidrio retumba con las campanas, porqué el miedo a que algo pueda resultar roto, como el vaso. ¡Y claro! el vidrio se puede romper, quebrar, patear o empujar algo pesado sobre el, como una mano o un fantasma que ha tomado mucha agua. Es el plan perfecto, porque la única puerta es la puerta donde se guardaba un napoleón y un papel. Luego, cuando el vidrio parecía una puerta de piedra anochecida, los gatos lanzan el napoleón contra el y estalla como el vaso, sin agua, pero en pedacitos como gotas de lluvia de la casa de los enanos. Asombrados y al escuchar la primera tonada de campanas, llaman a fantasmas o muertos o transparentes y se lanzan contra quien sabe qué.
No se sabe cuánto rato pasó, pero el gato viejo despertó en una casa oscura, con una sola ventana y sin ninguna puerta. No se puede considerar puerta (¿o sí?) una especie de jaula. Aunque la casa de los canarios tenía puertas similares. Busca a sus compañeros, más de 2.999 gatos y gatas que ya no estaban. Le parecía extraño. Sólo está la mano, que entra y deja una fuente con agua. Suena un timbre, muy fuerte, espantosamente. El gato teme porque no hay otros gatos. Él es el gato tres mil y no están los fantasmas, cuyos cuerpos viven en el agua (poseen líquidos y fluidos). Pero está la mano, que viene y bruscamente abre su boca e inserta una píldora. Está la píldora y el frasco roto de agua en el piso, que es repuesto inmediatamente por la misma mano para no volver a cortarse. La píldora era de la casa de la sombra, porque cada vez que la metían en su hocico, reconocía un color de árbol podrido, de acercamiento microscópico al humo. El gato despierta. No entiende. No tolera no poder entrar en la casa de la pregunta. No sabe interrogar su jaula, su vaso de agua. Está viejo y otras casas de blanco invierno, lo rodean. Hay osamentas y también píldoras repartidas, vasos rotos y sangre. Recuerda ese olor. Recuerda pero no pregunta porque no tiene voz ni la lengua. - Soy un gato viejo, con 2.999 compañeros que no están, con un vaso de agua que rompo cada vez que viene la píldora y la mano - comenta decaido. Ve las paredes, las observa con rigurosidad. Alcanza a ver la única ventana, angosta y rectangular, por donde el sol alumbra huesos y vidrios. Más allá, en el centro del pasillo, un papel. Ente cierra los ojos, ajusta su córnea a medio cegarse y lee: BOX 2.999, SALA DE APAREAMIENTO. Lee pero no pregunta. No pregunta porque viene la mano que es una pared y abre su hocico e introduce la pildora. Esta vez no hay rompimiento de vaso. El sol entra por la ventana. Se reencuentra con fantasmas y espectros y pregunta:
- ¿por dónde se han ido todos?
sábado, 14 de febrero de 2026
cómo era ver la noche desde la casa de barro de La Laja en 1995
no hay brazos de huiro, de alga austral que flota destemplada entre rocas y conchas y jaibas azules
No está la desembocadura de pies y besos costeros y salados y ríos frescos y olorosos
tú partiste la casa de barro en muchas partes y la barriste con escobas enormes, podridas
tú dijiste < aquí no, aquí tampoco, aquí jamás > y alguien corrió a comerse los últimos duraznos
reubicación, relocalización: tienes que saber morir debajo del agua
geografías espantosas y recortadas y mapas que organizan la noche venidera, la pirca y los cuerpos o desde dónde se miran los olivos y su fruto viejo
no importa, cierto, no importa porque las casas de barro se barren rápido, se soplan y se borran y la tierra tiene sonidos graves, hacia dentro, con profundidad de pozo infinito
¿fue un temblor?
¿cuando deja de temblar?
está temblando está teremoteando fuerte intenso me tajean me rompen me quiebran el rostro me sacan los ojos me drenan la sangre me patean me soplan me absorben me deshago me despoblan me desorientan me reubican porque sí porque es necesario porque se necesita porque es el sacrificio que amerita la situación
hundimiento
tsunami para el indio
hay que licuar todo este montonero
de tierra
esta casa de barro
hay que barrerla
ofréndaselonomas
quítaselonomas
total puros viejos poca gente poco todo
total el agua
les tapará
la cabeza
las malas y viejas costumbres
los faldones de cocido saco
y los ojos
de noche ardiente
y los cerros que respiran hondamente
siglos
enteros
hondamente respiran
siglos enteros
lunes, 2 de febrero de 2026
me señala esta luz dorada sobre los ojos
y me cubre la sed con su roce, con sus palpitaciones
él que me habla y me lee
y yo que escucho con espíritu de perro solo
de perra envenenada
mañana no diremos < tu sombra
está
en la mía >
hay habrá oleaje de casas hinchadas
suelos que arden arderán como bocas infectadas y tendrás que correr y besar tus manos para volver a < aquí y ahora > y él caminará sobre la cuneta / dirá sus palabras preferidas / tendrá sed y la saciará
tengo asuntos pendientes
hay micros baleadas por Santa Rosa
a un niño le balearon la cabeza
la micro sigue andando
me voy
dice
me voy porque algo grande anuncia con campanas una muerte también grande
y te besaría y te pediría que sigas leyendo los cuentos sobre gatos que buscan brujas / que insistas en la revelación / que te envuelvas en saliva, en los veranos roídos por la sal, cruzados por golondrinas aeróbicas, infinitas
nos estamos quemando
y no te van a abrir la jaula
aunque la patees
aunque la muerdas como una perra
perra envenena
y aunque beses
como una perra azuloza de frío
naranjosa de amor
nadie te dará los huesos
nadie te mostrará el cuello
serás
algo
parecido a la voz de cero
a la forma de algo que se ama
y lo hunden
y lo patean
y lo escupen
y serás
esto que me agita
como la lluvia escandalosa
esto que me duerme
como una
gata
vieja
echándose a morir en la boca del cerro
por fin plena
plena
de sol
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