miércoles, 26 de agosto de 2026
de dónde viene la lluvia
Cómo alguna vez le dije a Malva, está chácara lleva más de 230 años hospedando nuestras formas agrícolas de vivir en Horneros, una quebrada precordillerana, rodeada de espinales y múltiples flores que brotas como estrellas muy luminosas en la pampa. Sí, Malva decía, sí, Malva, mi querida Malva, decía que el desierto escondía entre las arenas, una enorme plantación de estrellas. Y, cómo ven, la floración disminuye año tras año, semestre tras semestre, la chácara que nos acoje y nos sostiene, se empobrece por estás lluvias de acero, cómo decíamos con ella, porque es una lluvia muy distinta a la que yo experimentaba de pequeña. Ahora, las nubes se reúnen estrechamente hasta formar un sólo y sombrío cuerpo y la lluvia, olorosa a sangre y viejos trenes, cae y baldea pesadamente los cultivos, las tierras y todo lo que toca es teñido de ocre y gris. Largamente, la lluvia tiende a durar dos días y a caer intensamente, formando arenas que, al salir el sol, no logran absorber el agua. Efecto Baldosa, queridas horneras. El agua resbala por la quebrada, lubricada y espesa, hasta desembocar y acumularse en nuestra pequeña chácara. Igual, sé que es mucha información, se que se me va secando la boca y las palabras se me quedan pegadas en el paladar y voy aburriendo, pero, sí, es necesario, estamos críticas. Incluso el pájaro por el cual las primeras horneras nominaron este lugar, o se ha ido a otras tierras o ha cambiado sus hábitos, construyendo sus nidos ahora de pajas y palos y semillas cubiertas de arena oscura. Los pájaros de Pólvora, le decimos ahora ¿cierto? - así es, porque sus huevos son grises como el luto - Exacto, gracias M por señalarlo. Y es justamente por eso que sepamos porqué está lluvia de aguas muertas, que rompe cántaros y tinajas. Tú - ¿Yo? - Sí, tú, eres la más conocedora de mapas y diccionarios y todo lo que sea libro o parecido. Necesito que reunas información, palabras o datos que nos permitan identificar exactamente qué ocurre. - pero, pero... Tendría que ir al Puerto Victoria, a rejuntar hojas y viejos libros de la biblioteca. Necesito que alguien me cuide los azulillos y los olivos -. No te preocupes, M, me haré cargo yo misma de eso. Ve con cuidado, toma este par de libretas, anota o escribe detalles de cómo está el Puerto. Comprenderás que no voy hace 35 años. Oye, M, haré que tus azulillos sean más bonitos que hoy, ve. - Gracias, H, iré con cuidado, me acompañará Dolly, de ella si que no me separo, mi vieja paloma. Cualquier imprevisto, ella les comunicará -. Gracias a todas por venir a Junta de H.
sábado, 22 de agosto de 2026
las diez caras de la receta medica
Habían máscaras, una mesa de noche, zapatos y una gata albinegra. Todo iluminado tenuamente. Las pequeñas cosas se expanden en mi mente y es inquietante su forma. Le ví el rostro. Me ví el rostro. Es una docena de músicas que me constituyen, que definen el contorno de este saber indefinible. Mi personalidad: este manojo de pastillas y sus efectos secundarios y también sus angustias y confusiones. Yo soy todas estas orfandades médicas. Cada visita al hospital, es una visita a un borradero, a un extractor de memoria. No sé quién soy es lo que pronuncio debajo de la ducha, ni cómo amar ni ver ni caminar porque la angustia me tiene paralizada. Yo amo en la misma medida que temo por mi consciencia frágil, especulada por mí misma porque no sé si es una consciencia lo que me mantiene caminando y escuchando músicas. No sé cuál es mi gravedad, mi eje y los libros me llegan como apariciones verdaderas, donde puedo arrojarme sin salvedad o escurrimientos. Escribo y punto. Se dice que no se debe escribir en la desesperación. Yo no escribo desesperada. Escribo porque no sé en qué parte deshuesaron mis recuerdos y, aunque desespere, no es ese el vector de mis recursos mentales molidos, anestesiados. Es esta fé en querer transformar las cosas, esta fé próspera donde las palomas no mueren de hambre. Pero también la prosperidad alcanza lo desconocido, que va más allá de la fé, porque indica una severidad o una rigurosidad que no me sobra. Estoy atrapada en - quién - cuándo debería arrojarme al - cómo - sin preámbulo. Y lloro, asustada de mí misma o por mi ignorancia de yo. Fragmentación, aguas enrarecidas. Eso bebo. Aguas irascibles, disoluciones... Y la somnolencia me arrebata la lucidez y el sueño, como el trabajo y sus patéticas justificaciones. Quiero saborear un poco de sol, dame ese rayo que cruza las hojas del naranjo en la mañana, a primera hora, cuando creo que he reencarnado en algo sólido y firme.
domingo, 9 de agosto de 2026
SE CONFECCIONAN UNIFORMES
La lluvia cae con forma de raulí. Fragmentación, anunciaban las pantallas publicitarias. Las cosas, con su debida separación, funcionan mejor. Y, ahora, aquí, en estas pequeñas casetas de calamina, separadas unas de otras, comiendo porciones de arroz blanco, una salsa transparente y huevos (sucedáneos precarios) de Pólvora. Recuerdo los días en que los pájaros Pólvora volaban sobre las quebradas soleadas. Ahora, separadas unas de otras, extraídas y dispuestas en estos compartimentos escuálidos, ningún pájaro se asoma porque ya no quedan pájaros ni aves ni nada que vuele. Ni siquiera las dulces semillas de lirio de arena pudieron con estas lluvias incontinentes, densas. Incluso, el desierto es ahora una pantanosa locación y, dentro de estas instalaciones marengo, nos hacen dedicarnos a la confección de uniformes. Nos dicen que nos tienen aquí porque nosotras dijimos que afuera, en el desierto, no crecía ni la pena. - Ahora, tienen una oportunidad, tienen que sonreír, relajar los hombros y separar la cabeza del torso y el torso del espíritu. Es mejor confeccionar uniformes sin ponerse demasiado...emocionales, nostálgicas. ¡A trabajar! - nos indica La Rectora. Nuestras M, no desearon esto, más bien plantearon que en el desierto no crecía nada porque las lluvias caían como objetos duros, metálicos. Entonces, les ofrecieron tierra despejada de lluvias ácidas, hecha de sustratos altamente enriquecedores y posibles encuentros con seres que vuelan, aunque no se garantiza ningún componente nutricional. La moneda de cambio, nosotras, para que nos dediquemos a la Confección de Uniformes. Nos aseguran que nos tiraron como escombro a cambio de tierras y pájaros y semillas comestibles.
Ahora, confeccionamos uniformes, perfiles sin ningún tipo de relieve, personalidades aplanadas, ahuecadas. A eso nos dedicamos, a eso nos obligan a dedicarnos, digo yo. Estos uniformes poblan los pequeños relictos de desierto donde la lluvia no licúa sus arenas. Ellos administran la tierra, la siembra, la natalidad, los nuevos trabajos y la construcción de Los Relictos. Nosotras no, nosotras pensamos e imaginamos personalidades a partir de tres referencias: nuestra comida blanquecina, las paredes que nos envuelven y la orfandad. Entonces, a cada relicto, se le otorga una personalidad invariable, tiesa, de muy pocos matices, a través de un manual que La Regidora se encarga de propagar, integrar y fiscalizar. Los Uniformes no son difíciles de crear, porque no hay estímulos mayores, solo un vacío consagrado y este diccionario que me dejó mi M, con marginalia explicando qué es un diccionario y qué es una letra y qué es una marginalia; también contándonos sobre el Secuestro de Los Pueblos Arcilla, donde arrinconaban a muchas M y les quitaban a sus M y luego las arrojaban al pantano. Imagino que este diccionario miniatura, pequeñísimo, sobrevivió entre mis rulos antes de que me arrancaran de mi M como una larva y después de matarla. Y mis M, acostadas en otras piezas llanas de sol y de aire, también guardan sus diccionarios miniatura entre sus pelos. Todas confeccionamos uniformes que ahora viven una vida estéril, pero que respiran un fresco aire, bajo un dorado sol y una exquisita primavera eterna y opiácea, relajante, así lo describimos en los Manuales de Relicto.
No sabemos dónde estamos, ni dónde están nuestras M o nuestras A. Tengo miedo. Llueve para siempre. Llueve una pena de desaparecido, de fantasma que sobrevive al sol...
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Por dónde empezar si la circunsferencia es emocional, es ampliamente disipada pájaro nocturno y yo no veo, pareciera ser que no veo lo sufic...
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La luna como una luciérnaga ciega tus manos cerradas sobre el fuego