lunes, 5 de enero de 2026
me voy en esta niebla
Porqué ahora viene esta sensación de extrañeza, de que todo va perdiendo forma, su simbología... noche de calor, solitaria y vaporosa. No estás, no puedo olerte, no puedo besarte, no sé cómo comunicar esta ausencia de vuelo de pájaro, de algo que se va raudamente al otro lado del planeta, donde no conozco, donde mis pies no han sentido la arena hirviendo o la hierba creciendo lentamente... allí donde no llego, las cosas se van tan ligeras, flotantes.
No estás y te deseo ahora, aquí y encima de mí, tus ojos y tu voz y tu calor. Necesito no enmudecer para que sepas que aún creo en el mundo del encanto, que aún hallo posible el encuentro... que puedo emocionarme en tu dolor y en cómo ese dolor va tomando formas, figuraciones...
Una música me envuelve, una música de todas las cosas que he amado y sigo amando profundamente. Me envuelve la sensación, me desnuda, empaña mis visiones con su vaho, me agita como un muerto.
No estás y me voy, me voy, me voy
me voy
me voy me voy me voy
me voy
me voy
y nunca te veré
a través de la lluvia
y nunca sabré
cómo
lloras
cuando la máscara
se cae
viernes, 2 de enero de 2026
martes, 30 de diciembre de 2025
V
domingo, 28 de diciembre de 2025
miércoles, 24 de diciembre de 2025
domingo, 21 de diciembre de 2025
no tienen que entender a nada
Valentino
Entonces, nos encontramos con la misma combinación de prendas, en la puerta del edificio. No puedo quitar mi atención de tus ojos con pliegue epicanto. ¿De qué arenas se protegían tus ancestros? ¿qué vientos y en qué dirección sucedían las cosas? Entramos, después de tropezar escandalosamente. Un poco torpe, pero me tienes así, nerviosa y agitada. Intento mantener la postura, la oratoria y el contenido. Haces las cosas con una prudencia extraordinaria, placentera. Tus manos, tu cuerpo, tu voz están conectados notoriamente. Cortas el limón, ordenas las botellas, preparas los vasos y abres la cerveza. Ni dos sorbos y ya nos besamos con sabor a limón y picante. Nos besamos intensamente, mientras yo observo tu piel, suave y pálida. Tus brazos, como de nieve salada, se deshacen en mi boca, en mis besos que van desde tu cuello hasta tu clítoris. La desnudes deja de ser una - porción pudorosa - de mi espíritu. Te muestro la carne, sudo, gimo, lamo, tu cuerpo es un pez lunar que devoro inútilmente porque no hay saciedad, no me detengo cuando los líquidos hacen el río de agua pegajosa, exquisita. Me miras hondamente y pierdo ausencias y sombras. Subes a mí, me escalas, me azotas dulcemente. Y en mi pecho, tu cabeza apoyada y tu voz que es una voz de criatura ardorosa, sofocada. Esa voz me penetra, me escupe, me impulsa a sostenerte mucho tiempo, muy cerca. Luego, me dices cosas irrepetibles porque sólo tienen ese lugar y ese tiempo, sólo ahí el eco de los cuerpos. Las cicatrices, la depilación, la disolución del rol... beso lo desaparecido, el vaho de tus pelos, el olor de tu vagina y de tu boca, de tu lengua pequeña y dócil. Quisiera que aúlles, que tengas siempre una voz de animal que se vaporiza en su propio goce y que vuelve, con la espalda y el pelo húmedo. Luego, dos cuerpos y una gata, repartidos como frutos cansados sobre la cama. Afuera, la metrópolis y su velocidad, su cadencia siempre en desproporción, con autos y luces despavoridas. Dentro, esto que soy frente a la cámara junto a Dora, una especie desnuda y lejana.
viernes, 19 de diciembre de 2025
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