Los días frescos, hondos como una niebla antigua / y las banderas, chuecas y estrelladas / quién pone su voz sobre los ecos / quién establece geografías planetarias con su herrumbre caliente / y aplasta o hunde incluso el corazón de los oceános / más profundo más profundo tan profundo hasta ir al otro lado / a todas partes, con un taladro y una bandera / sobre lo que sea, todo todo menos lo humano / esa es la frontera que abre el ramaje / la humanidad por encima de todas las cosas no humanas / incluyendo nuestra pequeña sombra proyectada sobre la pirca / allí como lagartijas de ensueño / encumbrando volantines transparentes / abrazando escarabajos y soplando polillas cuando caían las últimas guindas / redondas y jugosas / ebrias de sopor en verano / todo eso se nos aplasta
y queda
este ollejo
incomible / el surco en la noche / bombardeada / yéndose a la cordillera /
como un Chulengo herido
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