Los ojos abiertos, a siete centrímetros de los míos. Mucho vapor subiendo por el cuarto, por los cuellos húmedos por donde se desliza nuestro sudor. Los maestros construyen y silban y gritan afuera. La ciudad crece porque tiene futuro. Se obra para ella y su crecida irremediable, natural. Eso dicen. Yo me agito. Me agito y pienso en qué momento mis preguntas a viva voz, se tornaron súplicas... ¿cómo se comparte el dolor?
Y no es el lugar, porque no me puedo permitir este lugar donde las cosas me parecen las cosas de ayer. Necesito no una lobotomía ni más medicación ni mejores consejos. Necesito reconocer el silencio, la distancia entre una música y otra...
¿cómo se dice agua sin palabras y sin gestos, sin manos ni ojos? con el ímpetu, en la sed, quizás... El cuerpo necesita experimentar sus necesidades para convertirlas en necesidades. Yo experimento el ruido, la turba y acaso eso sea la revelación, impedir el paso o el canto de silueta percudida, enemiga...
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