domingo, 21 de diciembre de 2025

Valentino

 Entonces, nos encontramos con la misma combinación de prendas, en la puerta del edificio. No puedo quitar mi atención de tus ojos con pliegue epicanto. ¿De qué arenas se protegían tus ancestros? ¿qué vientos y en qué dirección sucedían las cosas? Entramos, después de tropezar escandalosamente. Un poco torpe, pero me tienes así, nerviosa y agitada. Intento mantener la postura, la oratoria y el contenido. Haces las cosas con una prudencia extraordinaria, placentera. Tus manos, tu cuerpo, tu voz están conectados notoriamente. Cortas el limón, ordenas las botellas, preparas los vasos y abres la cerveza. Ni dos sorbos y ya nos besamos con sabor a limón y picante. Nos besamos intensamente, mientras yo observo tu piel, suave y pálida. Tus brazos, como de nieve salada, se deshacen en mi boca, en mis besos que van desde tu cuello hasta tu clítoris. La desnudes deja de ser una - porción pudorosa - de mi espíritu. Te muestro la carne, sudo, gimo, lamo, tu cuerpo es un pez lunar que devoro inútilmente porque no hay saciedad, no me detengo cuando los líquidos hacen el río de agua pegajosa, exquisita. Me miras hondamente y pierdo ausencias y sombras. Subes a mí, me escalas, me azotas dulcemente. Y en mi pecho, tu cabeza apoyada y tu voz que es una voz de criatura ardorosa, sofocada. Esa voz me penetra, me escupe, me impulsa a sostenerte mucho tiempo, muy cerca. Luego, me dices cosas irrepetibles porque sólo tienen ese lugar y ese tiempo, sólo ahí el eco de los cuerpos. Las cicatrices, la depilación, la disolución del rol... beso lo desaparecido, el vaho de tus pelos, el olor de tu vagina y de tu boca, de tu lengua pequeña y dócil. Quisiera que aúlles, que tengas siempre una voz de animal que se vaporiza en su propio goce y que vuelve, con la espalda y el pelo húmedo. Luego, dos cuerpos y una gata, repartidos como frutos cansados sobre la cama. Afuera, la metrópolis y su velocidad, su cadencia siempre en desproporción, con autos y luces despavoridas. Dentro, esto que soy frente a la cámara junto a Dora, una especie desnuda y lejana.


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El Loro. Surrealismo chileno. Lectura pendiente. Leo Maslei