martes, 9 de diciembre de 2025

Costa Dorada

La luna como una luciérnaga ciega
tus manos cerradas 
sobre el fuego


Huasco

En la línea férrea 
una sombra me abraza
como a un recién nacido muerto 
Es el azul desvencijado
lo que trae a zorzales y gorriones
a picotear los suelos sombríos.

El espejo dice
no hay cuerpos
a esta hora
en este encierro 

La ventana 
con sus brazos extendidos
aguarda la niebla

Este color de temor es
un vaho
con nombre de ser querido muerto

¿Conoces la rivera dorada,
la brisa de la costa desértica,
el sabor a sal del fuego?

Nombres.
Nominaciones imprecisas.

Este mar
tiene 
cordeles negros y verdes;
sogas 
y despeñaderos 
o rosadas caídas de luna.

Se va 
¿quién?
la voz con su silabario roto
¿por qué?
es cómo
y dónde
porque en el desierto
la voz es un eco fatuo

Mira el mar
la ola sube
hasta tus pies de infancia fantasmagórica

¿es dulce 
la tregua?

 ¿a quién besa la noche
cuando cierro los ojos 
y los abro
en tu color 
de arena,
de pez lunar?

La ventana está abierta,
tremor
o agitación, 
suspiro
de por fin es nunca
por fin la disolución del yo.

No eres
No eres porque
sólo 
asistes 
a tu nada

sólo asistes 
sin vocablos 









lunes, 8 de diciembre de 2025

cuando pierdes proporciones, el encuentro está incluso antes de las fuerzas

Esto es una forma de afectarse. Las frustradas, heridas, rotas, fracturadas o truncados, caen en esta búsqueda implacable de soledades o de turbaciones afectivas. En el pozo, el agua. Entonces no bastan ni el pozo ni el agua. Es el proceso, es cómo descender y cómo ascender. En los juegos de la infancia, siempre supe dónde se escondía todo el mundo. Tengo la habilidad o el don de una persona con visión reducida desde que nací. El diagnóstico no abre el don, lo clasifica. Deformidad en la córnea.  Y, quizás, algo busco en la celeridad del encuentro, también en la prudencia. Más que el líquido, más que la boca y los ojos y la estrella pálida que muere desconocida sobre nosotros. No es precisamente follar, no es precisamente el rápido fuego de los abrazos parturientos. Mixtura. Es una porosidad distinta, más parecida a una conversación mirando la nada y encontrar en las palabras del otro, las propias y también otro lenguaje que enriquezca el encuentro, las sensaciones, incluso, si se da o no en el sexo, en cada pliegue recordable. La fantasía es un lenguaje singular, una ficción con figuraciones y abstracciones magníficas, floridas, llanas, acaloradas y polares. Y allí, en plena confusión de los últimos momentos, en la sombra de la taquicardia que me vuelve nerviosa y aún así, erguida y livinidosa, nos encontramos o nos separamos o tomamos distancia todavía caminando por el mismo sendero de árboles quemados en la copa. ¿Será el norte esta quemazón de copas de maitenes? ¿Serán estas las dudas que entorpecen mi prosperidad poética, incluso novelística, incluso más que mi peste? 

Cuando creí estar cómoda, acorde a mis tratamientos, suscinta como el lenguaje de una prostituta de alto rango, viene mi locura y mi estados enrarecidos. No tengo problema, tengo demasiadas soluciones individualizadas, demasiado cerco. Pudiera saltar pero debajo algo me recibe, me recobra para seguir saltando en vano hasta que se me olvide escribir sobre todas las cosas que amo profundamente: los libros, los cigarros,  la soledad, los fantasmas, el desierto o las putas. Me recobra y me revive para dejarme frente a mis revistas, como si me reeducara, como una rectora muy parecida a mi madre a mis nueve años. Exigente y joven, agresiva. Pero siempre los hombres jugaron aún peor el juego. Ellos me resucitan para volver a empujarme. Incluso, desafían mi escueto almacenamiento de información, lo desafían porque sí y siempre frente a otros. No tienen remedio porque a pesar de ser los ganadores, pierden. Y, cómo en un jardín de hortalizas y arbustos, los hombres no son los mismos en ninguna porción de tierra. Y aún así, odio a los que me rodean. Pero la noche no es eso en mi ficción ahogada, saturada, casi como una yegua que es obligada a subir una quebrada con espinas en las patas. Esa yegua blande su cola contra la niebla. Y esa quebrada la acompaña, la besa y la acoje en sus sienes de tierra roja, de tierra originaria. Y mi voz, que va doblándose en el momento, es una voz sólo de alguien que necesita protegerse de otros alguien, de sus circunstancias y velocidades. La velocidad es mi mal necesario, el satisfactorio choque de la brisa de verano contra mi rostro. El olor de los naranjos en primavera, ácidos y soleados.

Años dorados, años plateados. La vida se mide en minerales. Y en nupcias. Yo, o lo que creía ser yo, casada con el vacío de una casa vieja o con un jardín pequeño, pero macizo en ajenjo y lirios. Tienes el poder cuando dices que ya no amas, que ya no amas teniendo sexo sin ningún intercambio beneficioso, tienes poder y también tienes esa desgracia de animal pobre, de leyenda desconocida o conocimiento sacro mitologizado. ¿Pérdida o encontrada? en la búsqueda de cualquier astro que sea parecido al desierto sin ser el desierto, donde nadie lleve sus embarcaciones enormes a la orilla, a mi orilla... sabía que hay esto de salir y encontrar, que hay esto de olvidar los abandonos sin poder hacerlo porque es imposible olvidar lo que se odia tan plenamente. El cielo brillante como los botones de nácar falso. Alguien come verduras y pensará en que todo estará mejor. Ridícula criatura. Ridícula por ingrata y criatura porque es una palabra precisa para insultar o edulcorar sin distinciones. Releo libros. Veo las plantas de verano morir en verano, por exceso de agua o quemadas y olvidadas en las orillas de los balcones.  Entonces, siempre hay muertos cerca, siempre e indudablemente. Y el encuentro es una especie de muerte o una especie de vitalidad impredescible para mí, siempre ambivalente o fugaz como las copas de espumante de febrero, en Bahía Inglesa. Hermoso sitio para despeñarse hasta olvidar escribir y aprender a morir (frente a los y las turistas)  en pocos segundos, aprender de las estrellas desde la caída. Hay cosas que sólo saben los que caen para siempre. Sin proporciones, entregarse a esa observación, al beso último del viento en las mejillas. Dejar entrar para que una pueda salir volando como una bala loca, disparada a la medianoche. Escribe. No seas tonta, fútil. Escribe, por favor 


domingo, 7 de diciembre de 2025

la fantasía es tú

Tus labios blandos y gruesos
Mis rizos en el viento, bajo el ácido
y los gatos que velan la noche,
a los apuñalados,
a las putas atigradas de Cal y Canto.

Los animales tienen sed
porque solo hubo piedras 
en el tramo.

Besas la orilla de la noche
y le rezas 
a nadie
porque nadie
es quien puede
decirte cómo
decir cuándo y dónde.


La noche arde como
una gruta hermosa /
y la luna con su gravitación absorbente... gira.

no tengo palabras
para encaminar la voz,
para enriquecer el encuentro.

¿porqué me gustaría suicidarme
mientras
me besas hondamente?

¿porqué
en morir
hay verbos
novedosos,
sombras
con trino
de pájaro conocido, amado?

jueves, 4 de diciembre de 2025

sábado, 29 de noviembre de 2025

La deslealtad duele. Me duele porque desdibuja los recuerdos, los muerde. ¿Y el abrazo? es con púas.  A veces, me gustaría decir que sería distinto si estuviéramos juntos, con la gata, las cortinas abiertas y la noche entrando como un animal azul y luminoso.  Pero no, porque sería decir que no me duele, que las decisiones de ambos no tienen efectos sobre nuestros propios cuerpos. Quizás, te quiero y podría decir que mucho. Pero hay daño. Hay alteraciones y no pido planicies, zonas despobladas de conflicto. Tampoco quiero que me rompan la paciencia, que es una de las pocas bondades que me quedan. 

Te escribo para poder olvidarte. Escribo para activar esta fuerza que es la del olvido, pleno y total. No te espero. No te busco. Te ubico en una zona yerma, libre de cualquier medio que pueda entregarnos al encuentro. 

Me entrego a otra historia, desmovilizo las fuerzas que me llevan a ti... a tus característicos pasos, tus sagradas manos. No te amo, no te quiero porque en el rencor me vuelvo una criatura agreste y desconfiada. No habrá cruces en la sombra. No habrá dos cuerpos que hondamente se comunican.

No hay señales, Rasek. Nunca más.

martes, 25 de noviembre de 2025

los cuerpos celestes se llaman así porque una travesti suicida podía hablar con cuerpos azulados, fantasmagóricos

Busca asilo en la perforación del fantasma, en sus huecos y ademanes transparentes. Repite conmigo: debes tener tiempo para nada, debes tener la vista clavada en un punto vacío. No. Dos manos se alzan y luchan imperecederamente. Siempre dos, el mundo y sus dobleces, sus pliegues de sí y no y tú, buscando el milagro en la poca cosa, en tu peste. ¿Qué esperabas? nada. ¿Y porqué esas manos alzadas y esos ojos abiertos, como cuevas apetentes de murciélagos? No espero, no espero...

¿Y dónde vas? A los pliegues, a los encuentros con algo. No tengo mayores indicaciones. Se va y punto. Hay un fantasma mirándonos ahora y rié con extrañas intenciones y llora porque el viento lo arrastra violentamente. Llora porque puede llorar sin los miramientos del espíritu, porque no experimenta tiempos adecuados y por eso también ríe y se masturba y nos observa  y besa mis manos, las besa y no se despide porque no está inscrito en el signo, en el lenguaje...

¿Y tu cuerpo? No preguntes. Un cuerpo es un agujero. ¿Tu cuerpo? nunca más una borradura, hasta el día impreciso, en que la noche muerda mi fe. Voy. Voy entrando...



sábado, 22 de noviembre de 2025

los espectros vuelven con su memoria arrinconada

Los despeñaderos de Coquimbo
donde lancé mi voz
de pez partido.

Vienes a mí
como una embarcación embustera
y estiras lienzos con tu imagen
y palabras 
de fuego
porque detrás de nosotros
el fuego 
y en mí,
la incomprensión,
la expansión de
esta nostalgia,
que es una mordedura de ácido
sobre el metal.

No vengas.
No hay piedra ni trenes.
 
Los perros ladrando fuertemente;
El maquillaje corrido
y aún así, asistiendo
tus heridas urgentes,
siempre
más importantes
que mi propia disolución...

No a la autocomplacencia
es no volver 
a los espectros

02:00AM

¿Tienes miedo
de encontrar, de finalizar la
búsqueda?

El alcohol tiene
colores
azulosos 
y el cielo,
más tarde,
también azul
azul espejo
azul Playa Guayacán
y más adentro,
donde reside
esta nostalgia de mierda,
un color desatendido,
un color misterioso
y bastardo.

No estás
No estás
Y el agua entra
entra
porque esta vez
las palabras
no hacen el lenguaje 
Y digo detente
Y entras
Y digo no
Y entras hondamente, 
hondamente...

sábado, 15 de noviembre de 2025

agua

Pediste asilo en el fuego y quemaste viejas fotografías, pusiste en su centro una posible revelación. La brisa de verano nos mordía los ojos, la carne. Mi amabilidad, mi ruptura emocional que me vuelve cosa viva, objeto perecedero. Inútil ahora poner las manos al fuego. Inútil, quizá, esta hermosura en revisar álbumes y corporizar rostros, vestimenta, tiempos. 

Mi llanto patético, oblicuo, torcido como si fuese contra el eje del planeta. Le lloro a las nubes, a las palomas, a la basura, a las campanas. Hay fuerza exponencial en la sensibilidad. A veces piedra, a veces charco, a veces espejo. Te arranco de mí, deshabito esta nostalgia entristecedora, llana de saxofones y aún peor, despoblada de quién sepa decir con el viento, con su propio aire. Los jacarandá poblan de semillas moradas el suelo. Es una explanada de pequeñas cosas en descomposición. Algo nace, algo produce una ecología en el centro de la muerte. Tienes la contradicción y su fuerza porosa, el relieve del disentimiento. 

No amas, no buscas exploraciones, no quieres ajustar tus medidas, no conquistas.

Santiago de noche. Las luces gaseosas, las veo arder, evaporarse. Nieblas luminosas, halógenas. Allí te ví y allí te pierdo. No en el agua, mucho menos en las tierras donde el sol nos agita como huesos santos, como enérgicas criaturas. Debo perder la partida, desistir, rasgar los tableros, destruir las piezas. Estoy en la soledad de un potrero, siendo medio de ensoñaciones...

Ahora es predestinación, ahora es ir a ningún lado o en contra de todas las direcciones. Bastará la sed. Bastará la soledad. ,

sábado, 1 de noviembre de 2025

sus celebraciones

Vienen por ti, los huracanes novedosos,
las confusiones literarias o gramáticas.

- ¿sabes escribir?
- escribe: aquí no pasa nada, nunca ha pasado nada.

Replantear la conversación
sobre cómo suprimimos al otro;
tengo el párpado
caído 
y el cuerpo entra - porque en algún momento sale - en estado de suspensión, física y social.

Derivo mis clientes a putos anónimos;
los retorno y ofrezco la posibilidad
de barajar nuevamente el naipe.

Ayer besé mis brazos.
Ayer fue como lamer huesos incomprendidos, sobrantes.

Se empuña la letra, no se escribe. 
Se empuña para clavársela a una misma
donde una quiera o donde se necesita.
La locura es un pasadizo,
una rosaleda o jardín de verbenas,
parecidas a un golpe macizo en la cabeza.
Eléctrico, vergonzoso, agudo.

Los ríos, ríos exudados, materialmente
empobrecidos
y, en espíritu, recios
como una potranca que descuera la chépica.

Muerte y vida.
No hay matices en lo inevitable,
a lo más el silencio que está siempre lleno
de un algo indecible, probable y vasto y que tiene la forma de dos anchos paréntesis opuestos.

Cierro los ojos y vuelvo 
y vuelvo
y reconozco la nostalgia que me envuelve
y la sacudo
y vuelvo para
decir nunca
nunca
la paz 
siquiera en la enfermedad
siquiera en la espesura del jardín.

Y los girasoles
musicando los medios cielos
con su dorada melancolía,
que más temprano que tarde,
les cortará la cabeza...

Y más allá,
los jilgueros 
suplicando lombrices
al espino.

Lo indecible no es lo que no se dice;
es probablemente
lo más cercano
a una fiebre contenida;
un mensaje en medio de vahos
y niebla.

Toma.
Cose lo indecible.
Cóselo o despúntalo.
Toma.
Corre tras el surco
o por medio de el.

Como tirada de las orejas por un fantasma, 
corre y bésale las manos... besa lo desaparecido.


,

de dónde viene la lluvia

Cómo alguna vez le dije a Malva, está chácara lleva más de 230 años hospedando nuestras formas agrícolas de vivir en Horneros, una quebrada ...