sábado, 15 de noviembre de 2025

agua

Pediste asilo en el fuego y quemaste viejas fotografías, pusiste en su centro una posible revelación. La brisa de verano nos mordía los ojos, la carne. Mi amabilidad, mi ruptura emocional que me vuelve cosa viva, objeto perecedero. Inútil ahora poner las manos al fuego. Inútil, quizá, esta hermosura en revisar álbumes y corporizar rostros, vestimenta, tiempos. 

Mi llanto patético, oblicuo, torcido como si fuese contra el eje del planeta. Le lloro a las nubes, a las palomas, a la basura, a las campanas. Hay fuerza exponencial en la sensibilidad. A veces piedra, a veces charco, a veces espejo. Te arranco de mí, deshabito esta nostalgia entristecedora, llana de saxofones y aún peor, despoblada de quién sepa decir con el viento, con su propio aire. Los jacarandá poblan de semillas moradas el suelo. Es una explanada de pequeñas cosas en descomposición. Algo nace, algo produce una ecología en el centro de la muerte. Tienes la contradicción y su fuerza porosa, el relieve del disentimiento. 

No amas, no buscas exploraciones, no quieres ajustar tus medidas, no conquistas.

Santiago de noche. Las luces gaseosas, las veo arder, evaporarse. Nieblas luminosas, halógenas. Allí te ví y allí te pierdo. No en el agua, mucho menos en las tierras donde el sol nos agita como huesos santos, como enérgicas criaturas. Debo perder la partida, desistir, rasgar los tableros, destruir las piezas. Estoy en la soledad de un potrero, siendo medio de ensoñaciones...

Ahora es predestinación, ahora es ir a ningún lado o en contra de todas las direcciones. Bastará la sed. Bastará la soledad. ,

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El Loro. Surrealismo chileno. Lectura pendiente. Leo Maslei