viernes, 2 de diciembre de 2022

Por la mierda, necesito llorar en alguien o frente a alguien. Decir, extender mis palabras, dejar de una vez esta rara obsesión por cercenar mis emociones. Si tus ojos o tus manos enormes o tu rara mirada se presentarab aquí, talvez yo podría decir, talvez podría pararme y poner música y hacer que la noche tenga sentido para ambos, mientras el humo nos hace transparentes. Te deseo, te veo en mi cabeza y mi cabeza se ve a sí misma, apoyada en tu regazo, entre tus brazos que son como dos alas protegiéndome del viento. Ahora estoy abajo, abajo donde las cosas son confusas y duelen y el pecho se abre a la fuerza sólo para seguir, continuar, insistir, cualquier acción destinada a no ser nada más que una triste sombra. Te deseo más tiempo, de más formas, o te anhelo o simplemente te extraño. 


Siento que todas las palabras me traicionan.

diciembre estás sólo y confundida

 Sólo existe confusión y un cansancio de esperar sombras; imágenes que he construido en mi cabeza para capear la soledad última, quizás para desanudar las palabras y rehacerme, hacerme otro ser que no busque sino que encuentre agua en medio de un extenso desierto, de un destino, de un alguien en cuya mirada hay pájaros azules y soledades y templanza.

Confusión a la hora de traspasar la línea, de cruzar a tu lado, que es el lugar donde no veo, no observo, sólo existo de milagro. 

Cansancio de sonreír a ellos, que no sabrán nunca nada de mí más que la mentira. Necesito un descanso animal, poner en hibernación el estado de perecimiento, alejar o disipar a la bestia  que nos hace presentes y ausentes. El tiempo. Tiempo de nada. Tiempo de irremediables ojos que no conocerán nunca la lluvia.

Cruzo la línea, la cruzo y hay un cuerpo más grande que el mío, hay un cuerpo y una voz y manos que apretan. ¿Eres tú? ¿es mi penumbra de siempre? ¿ es el ser que veo y huelo y abrazo como un animal que padece desde hace mucho?

No hay palabras para las explicaciones. Sólo mi sombra uncida a mi con hilos de extrañas materias. Mi compañera, mi persecutora. 

lunes, 28 de noviembre de 2022

lloro porque hubo espacio
La noche y el alcohol como intermediarios
Espacio
Espacio que alguna vez se me arrancó de cuajo
Llorar y luego descifrar secretos en los espejos

jueves, 24 de noviembre de 2022

espacio dentro de la caja

¿Cuál es el motivo de mi sentimiento hacia tu frialdad fascinante, mi apego a tus momentos dónde te muestras como un árbol torcido? No puedes solucionarme, dotarme de rostros embellecidos por la -vida y sus dones-. No puedo emplumar o transfigurar mis -desmediciones-, mis arranques de loca a plena luz del día; los días rotos por palabras y gestos lapidarios que lanzamos como quien juega con cuchillos. Ahora mismo o en las ferias o en escaleras arrinconadas detrás de los muros, no puedo decirte que te quiero, que me folles o que abraces al fantasma y sus horas transparentes, porque no es exactamente lo que quiero. Lo que requiero, necesito, es estar absolutamente sola, inventarme otra tierra donde vivir y morir, al unísono. Saber que estos pies y esta tristeza y mi pasión desmedida por el misterio, son mi alimento. Vivir sin la condición de amar espectros y cosas. 

¿Te quiero? ¿Quién eres? ¿Qué o porqué los acontecimientos están arrestados por dos signos invertidos? 

Nada, nada... ni la sombra. 
Ni el café amargo a primera hora.
Ni los cigarros humeando las palabras.
Ni la imposibilidad de llorar.
Sólo el animal, estados del cuerpo y sus perecimientos, la eventual oxidación.

viernes, 18 de noviembre de 2022

sitio despejado

Los jilgueros de la infancia murieron. Había ríos diseminados, entradas y salidas cubiertas de pimientos ancianos. La edad es un espacio de animales oxidados. 

No busco, encuentro; porque sobran los ojos y las bocas sedientas. Me doy y me dan y voy volcándome en la noche que muere y brilla como un hada despellejada. 

martes, 8 de noviembre de 2022

Cuánto peso
en el sentido y en la forma
Qué pesos cargo
en la cuenta y sobre los ojos
La noche no me da revelaciones
ni estrellas delirantes ni sombras

La velada en la cuneta
Los arranques al bosque de cerebros destruidos
Cómo empujarse al presente
lleno de ojos rumiantes

No comprendo
No sigo el sendero
Y aún así los pájaros nacen y mueren
con sus alas embutidas
Aún así vivo como el delirio
En la boca de la vida y la muerte
La muerta
Las arrojadas al silencio de nada

Quisiera irme donde ocurre nada
Donde duendes deformes suturan las heridas

Hay aguas más abajo 
Hay secretos en el muro, estampados como criaturas muertas y legendarias
Puedo verlos
Hay abandono de abandono 
Hay la obligación de permanecer en sociedad
Hay es nada
Y nada es un triste paradero 
Aquí esperamos algo
O algo nos huye 

Mis ojos abiertos para él
El punto que me tocó en el mapa 
Es el punto roto de la panty

Ahora que es nada
Una bala destroza el lugar de la memoria
Piedras e inmensas murallas y candados de oro

Él me da la confianza
Pero no el agua
Estoy sobrepoblada de mi mismas 
Lo entiendo
Es algo, una cosa, un destino, un deterioro mío
Lo entiendo
Lo entiendo
Puedo entender 



domingo, 6 de noviembre de 2022

Soledad, es acaso un estado de ánimo o un modo de vivir, de sostenerme entre las multitudes, alborotadas y despreciables. Quizás esto es lo que me tocó, pedirle ayuda siempre al río, avanzar hacia una estrella que muere.

No sé si es confianza o amor lo que me tiene uncida a ti y a tu tranquilidad asombrosa. Si pudiera decirte que esto significa un corazón solitario; que junto a ti ardo como un gato en la noche, que no soy más esa que está del otro lado del espejo, desalojada y desvanecida.

¿Es amor lo que te pido? ¿Es tu velocidad de animal, herido y distante? A veces solo oigo pájaros, a veces sólo quiero pájaros para nosotros.
Las calles alborotadas La música de la radio vieja Sol mucho sol en los cuerpos

Y si toca correr Y si los carros y las mesas hay que moverlas con velocidad y fruncir el ceño por los golpes en las pantorrillas

Y si vienen entonces fantasmas y ninjas Huir para quedarse Huir y conservar la sombra y las pilchas  

Que no nos atrapen Que la tortuga no sea la que pierda la carrera 


lunes, 24 de octubre de 2022

sábado, 22 de octubre de 2022

mayo, en cavancha, bajo el espino

 Entonces, entre churques y chañares, clavarás tu nombre y vas a decir -no perdí sangre, perdí agua-. Era muy de tarde, el sol se escondió tras un huasco lejano y los jilgueros repicoteaban los últimos gusanos. Había una perra acompañándonos, una perra tuya. Te miraba, miraba también los cerros y los cursos del agua, estrechándose, guiados por la caída. Nunca fue nosotros. Nunca fue dos maricones en el cerro. Siempre hay algo más. Siempre un churque clavando sus espinas, siempre el sol cayendo sobre su otro lado, los gusanos retorciéndose en la oscuridad. Tanto milagro, milagro en el sentido de cuantas experiencias pueden ocurrir a la misma hora, sobre o bajo la misma tierra. Probablemente siempre tuvimos menos oportunidades de sobrevivir que una larva. Hace muy poco escuché que los antiguos decían que si el lucero está sobre la cordillera, es porque se vienen tiempos secos, aguas perecederas. De lo contrario, si el lucero acontece sobre la costa, vendrán días lluviosos, temporales de esos de los que se habla hasta el siguiente giro, hasta el próximo ciclo o el próximo desorden en el cielo. Ese día el lucero en la costa, frente a nosotras. Y así fue, tanta lluvia, lluvia de hielo en la copa de los paltos y los pimientos, abatidos por el peso de la nieve, caídos a pesar de sus años y su anchura. Y así fue, llovía también en mí, alejándome de Vallenar, sintiéndome... acelerada y torpe, weona. Llovía en mí porque quería algo que no sabía pronunciar ni gesticular ni performear. O que al menos mi incapacidad de espontaneidad me impedía simularlo. Había tanto de cerro, tanto de pájaro amarillo en ese espacio, tanto canto que no se sabe de dónde viene... magia, cosas sencillas, un lugar donde otro silencio es posible. Tu... cercanía. Ya no me pellizcabas las piernas, hurgueteabas el ano, los labios con los tuyos, encarnecidos favorablemente. Qué antigua lo de amistad o sexo o sexo y amistad, que antigua y que hetera, niña. Pero así sigue funcionando, las cosas tienen un curso, lo que sucede sucede por y para algo.  Vallenar era rosado, cielo arriba, rosado y naranja, amarillo entre los cerros. Tan luego que me quité ese lugar, tan pronto me puse otro, lluvioso, entristecedor, frío y me llené de materias escuálidas, insuficientes. Quizás ese fondo fue el fondo de los pozos. Quizás tus ojos ya no me hacían sentido de estrella o de astro. Quizás ahondé demasiado en la técnica de otros, para escribir inteligentemente, los errores los comete cualquiera. Ahora prefiero ser lo cualquiera, no quiero comprobar mis aptitudes frente a nadie, excepto las actorales. Quiero actuarle al mundo una cordura moderada y en el último mínuto, SALTAR. Saltar al mundo de agua que describe la Bombal. Saltar a las aguas secretas, secretas para siempre.

de dónde viene la lluvia

Cómo alguna vez le dije a Malva, está chácara lleva más de 230 años hospedando nuestras formas agrícolas de vivir en Horneros, una quebrada ...