viernes, 18 de noviembre de 2022

sitio despejado

Los jilgueros de la infancia murieron. Había ríos diseminados, entradas y salidas cubiertas de pimientos ancianos. La edad es un espacio de animales oxidados. 

No busco, encuentro; porque sobran los ojos y las bocas sedientas. Me doy y me dan y voy volcándome en la noche que muere y brilla como un hada despellejada. 

martes, 8 de noviembre de 2022

Cuánto peso
en el sentido y en la forma
Qué pesos cargo
en la cuenta y sobre los ojos
La noche no me da revelaciones
ni estrellas delirantes ni sombras

La velada en la cuneta
Los arranques al bosque de cerebros destruidos
Cómo empujarse al presente
lleno de ojos rumiantes

No comprendo
No sigo el sendero
Y aún así los pájaros nacen y mueren
con sus alas embutidas
Aún así vivo como el delirio
En la boca de la vida y la muerte
La muerta
Las arrojadas al silencio de nada

Quisiera irme donde ocurre nada
Donde duendes deformes suturan las heridas

Hay aguas más abajo 
Hay secretos en el muro, estampados como criaturas muertas y legendarias
Puedo verlos
Hay abandono de abandono 
Hay la obligación de permanecer en sociedad
Hay es nada
Y nada es un triste paradero 
Aquí esperamos algo
O algo nos huye 

Mis ojos abiertos para él
El punto que me tocó en el mapa 
Es el punto roto de la panty

Ahora que es nada
Una bala destroza el lugar de la memoria
Piedras e inmensas murallas y candados de oro

Él me da la confianza
Pero no el agua
Estoy sobrepoblada de mi mismas 
Lo entiendo
Es algo, una cosa, un destino, un deterioro mío
Lo entiendo
Lo entiendo
Puedo entender 



domingo, 6 de noviembre de 2022

Soledad, es acaso un estado de ánimo o un modo de vivir, de sostenerme entre las multitudes, alborotadas y despreciables. Quizás esto es lo que me tocó, pedirle ayuda siempre al río, avanzar hacia una estrella que muere.

No sé si es confianza o amor lo que me tiene uncida a ti y a tu tranquilidad asombrosa. Si pudiera decirte que esto significa un corazón solitario; que junto a ti ardo como un gato en la noche, que no soy más esa que está del otro lado del espejo, desalojada y desvanecida.

¿Es amor lo que te pido? ¿Es tu velocidad de animal, herido y distante? A veces solo oigo pájaros, a veces sólo quiero pájaros para nosotros.
Las calles alborotadas La música de la radio vieja Sol mucho sol en los cuerpos

Y si toca correr Y si los carros y las mesas hay que moverlas con velocidad y fruncir el ceño por los golpes en las pantorrillas

Y si vienen entonces fantasmas y ninjas Huir para quedarse Huir y conservar la sombra y las pilchas  

Que no nos atrapen Que la tortuga no sea la que pierda la carrera 


lunes, 24 de octubre de 2022

sábado, 22 de octubre de 2022

mayo, en cavancha, bajo el espino

 Entonces, entre churques y chañares, clavarás tu nombre y vas a decir -no perdí sangre, perdí agua-. Era muy de tarde, el sol se escondió tras un huasco lejano y los jilgueros repicoteaban los últimos gusanos. Había una perra acompañándonos, una perra tuya. Te miraba, miraba también los cerros y los cursos del agua, estrechándose, guiados por la caída. Nunca fue nosotros. Nunca fue dos maricones en el cerro. Siempre hay algo más. Siempre un churque clavando sus espinas, siempre el sol cayendo sobre su otro lado, los gusanos retorciéndose en la oscuridad. Tanto milagro, milagro en el sentido de cuantas experiencias pueden ocurrir a la misma hora, sobre o bajo la misma tierra. Probablemente siempre tuvimos menos oportunidades de sobrevivir que una larva. Hace muy poco escuché que los antiguos decían que si el lucero está sobre la cordillera, es porque se vienen tiempos secos, aguas perecederas. De lo contrario, si el lucero acontece sobre la costa, vendrán días lluviosos, temporales de esos de los que se habla hasta el siguiente giro, hasta el próximo ciclo o el próximo desorden en el cielo. Ese día el lucero en la costa, frente a nosotras. Y así fue, tanta lluvia, lluvia de hielo en la copa de los paltos y los pimientos, abatidos por el peso de la nieve, caídos a pesar de sus años y su anchura. Y así fue, llovía también en mí, alejándome de Vallenar, sintiéndome... acelerada y torpe, weona. Llovía en mí porque quería algo que no sabía pronunciar ni gesticular ni performear. O que al menos mi incapacidad de espontaneidad me impedía simularlo. Había tanto de cerro, tanto de pájaro amarillo en ese espacio, tanto canto que no se sabe de dónde viene... magia, cosas sencillas, un lugar donde otro silencio es posible. Tu... cercanía. Ya no me pellizcabas las piernas, hurgueteabas el ano, los labios con los tuyos, encarnecidos favorablemente. Qué antigua lo de amistad o sexo o sexo y amistad, que antigua y que hetera, niña. Pero así sigue funcionando, las cosas tienen un curso, lo que sucede sucede por y para algo.  Vallenar era rosado, cielo arriba, rosado y naranja, amarillo entre los cerros. Tan luego que me quité ese lugar, tan pronto me puse otro, lluvioso, entristecedor, frío y me llené de materias escuálidas, insuficientes. Quizás ese fondo fue el fondo de los pozos. Quizás tus ojos ya no me hacían sentido de estrella o de astro. Quizás ahondé demasiado en la técnica de otros, para escribir inteligentemente, los errores los comete cualquiera. Ahora prefiero ser lo cualquiera, no quiero comprobar mis aptitudes frente a nadie, excepto las actorales. Quiero actuarle al mundo una cordura moderada y en el último mínuto, SALTAR. Saltar al mundo de agua que describe la Bombal. Saltar a las aguas secretas, secretas para siempre.

 No hay señales... Mantengo la boca cerrada, los ojos abiertos como dos noches embelesadas. No hay ventanas, ni soles hermosos, sólo un día gris donde la gente sigue el inicio y el fin, el comienzo y su final. La increíble capacidad de caminar sólo sabiendo hacia dónde: el pan el pan la bandeja  los cajones vacíos las cajetillas empolvadas mi amor aún más empobrecido que ayer el aire roto de la ciudad la ciudad y sus pájaros agujereados 

Te quiero querer así enferma y desenfrenada

Así

comenzando un plan

queriendo por fin que la única visión 

no sea la de la muerte atragantándose de mí 

No se llama esperanza 

alguna vez algo no fue algo

y nunca tuvo nombre 

viernes, 21 de octubre de 2022

 Las obligaciones y las relaciones familiares y los ires y venires del dinero. Todo lo que describí, es una repugnante resonancia, es el eco de las paredes, de los muros. El muro no está dentro ni fuera, el muro es también un modo de pensar. Cómo quebrarse, cómo enterrar la cuchilla. Cómo pensar y no hundirme y sí girar y girar y roer mi consciencia, despellejarme, quedarme sola con mi temor a la soledad, quedarme en soledad con mi temor a estar sola. No tendré miedo, tendré garras y pensamiento y mañas cochinas para traspasar el fondo, para caer en otro abismo; en otra soledad donde recostarme y decir que una todavía no pierde lo terca y desprolija y soñadora de pájaros negros y azulados y ojos entreabiertos de placer o terror o de muerte

 Quisiera darte de mi calor. Quiero empujar los astros a nuestro espacio, que es este cuarto oscuro y pequeño, en medio de la quebrada. Es tu espacio. Yo no tengo lugar posible. Pero tengo ganas, extrañas motivaciones. Sólo dame, dame un segundo. Ya ves que voy trepando, palabra por palabra, a tu nada, a tu silencio demoledor, a tu cuerpo más grande que el mío, a tu abrazo de churque. Silencio. El silencio es suficiente. 

miércoles, 7 de septiembre de 2022

I / II


 I

 Decepcionada de mi misma, herida, gravemente herida en la capacidad de "seguir", "continuar", sí, en la capacidad de dar continuidad a mis ojos y a mis palabras y su embriaguez impasible. Antes me decía que debía forjar una coraza, una máscara tallada en una piedra más dura que el rencor. Hoy recojo los pedazos. Creía que era posible resistir doblemente contenida, avergonzada de mi voz cuando se rompe; aterrada de ser demasiado sola entre las multitudes. En todo o en cualquier caso, ya nada tiene sentido o contrasentido para mí, más que ciertos artificios del agua o el cosmos. 

Quizás sea la hora de  mover las ventanas a las puertas; saltar en vez de correr.

Es duro darse cuenta de los años, darse cuenta o dar cuenta de que todo ha sido en vano, que los relojes marcan las mismas horas. ¿Y las aves que vuelan miles de kilómetros para llegar al otro lado del río? Ni siquiera nuestro origen estelar puede darme otro sentido, ni siquiera la sedimentación extraterrestre que nos hizo cuerpo.  

 II

 Yo me hundo con mis peces púrpura, con mis peces de memoria que acompañan la falta de rumbo y de voces cálidas y de abrazos en medio de la nada. Los cerros, los alcoholes repartidos en las venas; los espejos revelando nada. Mañana serás lo mismo de otro mañana, en otro porvenir. El único vuelco es en escalas muy menores: una tarde encogida, una píldora, 20 aves cruzando la noche. Quizás todos piensan de mí que no puedo erigir la brújula; que no estoy dispuesta a calibrar mi cabeza; que no sé trazar un plan, menos comenzarlo. Y quizás están en lo cierto, quizás -he perdido el tiempo- -he perdido mi inteligencia- -he perdido mi generosidad-. Antes fui alguien más social, con temple social. Ahora, o desde hace muchos años, esto: una alimaña que suplica afecto a sombras y seres de nada. Si pudiera sacarme épocas, lanzarme al vórtice de los tiempos y desfigurar sus relojes.  Me queda poca hoja, pocas vueltas del reloj. 

Habrá que dar comienzo.


de dónde viene la lluvia

Cómo alguna vez le dije a Malva, está chácara lleva más de 230 años hospedando nuestras formas agrícolas de vivir en Horneros, una quebrada ...