lunes, 8 de febrero de 2021
paréntesis
lunes, 18 de enero de 2021
opioide
Estoy arrinconada. He perdido los pensamientos alegres. Por un precipicio se han ido. Creo haberlos empujado, lanzado a un lugar distante. Sé que estas sensaciones no me potencian; es más, me siento frágil y apagada. Como una máquina en desuso, me acurruco en las esquinas. En este rincón, todas las cosas están rotas; todo el paisaje se resume en un ácaro. No quiero, no quiero más esta espina incrustada en el estómago. Me duele la espalda; los ojos se me deshacen. He visto los rostros, ahora lejanos y silentes. Nunca más albergaré algo detrás de la mirada. No hay espacio para otro tajo; es ruina mi palabra.
Creía tener una coraza; un
armazón anti-todo. Y no, no había tal dureza; sólo carne débil. Y ahora,
encorvada como un moribundo almácigo, conjuro el lenguaje de la ausencia. Me he
ido de mi misma. Arrojé mis costumbres sobre una cama de clavos. Quebré los
espejos y el reflejo.
Duele. Duele profundamente.
Si te digo que siento que voy a morir, es porque algo está reventando justo ahora, aquí dentro; una insuficiencia inaudible. Es tanto el líquido, las aguas químicas en mi boca. Cuando aspiro el humo e intento encontrar la nitidez de las palabras, me deshago. Tengo la fuerza acumulada en los párpados. La desesperación no es un símbolo soterrado; es una atmósfera palpable y explosiva. No sé qué hago muriendo. Perdida, voy al silencio. Estremecedor, el silencio viene a mí.
Gota tras gota; cucharada tras cucharada; me adormezco el cuerpo. ¿Me iré a desplomar sobre la tierra? ¿Recontaré las horas de silencio con piedras y parásitos?
Puedo
sentir como un apagón se abalanza sobre mi mandíbula. Aprieto y no hay más
fuerza que la de mi columna sosteniéndome. Anestesiada, los rayos de sol me
apuñalan. Y la kasa se me viene encima; también los pájaros que rondan el jardín.
El graznido de la gaviota; la potencia de los mensajes impredecibles; todo me
agujerea el pensamiento. Mi voz es una hoja con las puntas quemadas. Cuando
reconozco la ausencia y sus símbolos; no me queda de otra: me hundo en ella;
naufrago en mar abierto. Este océano incalculable; este terreno inhóspito me
parece desafiante.
He salido herida; no por primera vez. La heterosexualidad se infiltra; se escabulle. Es una soldado hábil y escurridiza. Puedo ubicarla; trazar en qué lugares de esta genealogía de la opresión se ha entrometido y cuáles ha construido.. Eso sí, aún no he podido arrancármela. Mis disparos han sido imprecisos.
- se suspende el show hasta nuevo aviso, corazón -
Las armas deben recargarse.
viernes, 8 de enero de 2021
sangre
La sangre desparramada en este tajo; sobre esta herida montañosa, se aglutina como un grumo rojo y palpitante. Y los nombres, silabas pertenecientes al deshecho, se lanzan por la borda. Se dice que el pájaro que ha muerto, ha muerto accidentalmente. Toda su patria es un remoto accidente: nadie aquí ha excedido el protocolo; sólo se ha desparramado sangre pobre. El rey ahora tiene disciplina y la reina no sólo come pasteles y se va de fiesta. Juntxs, con su equipo inclusivo y desde su palacio - Av. San Josemaría Escrivá de Balaguer 5600 - dictan las ordenes. La orden es que, contra toda amenaza, la patria transnacional viva.
Todo se hace en nombre de la justicia: constituciones, marcos legales, acuerdos imperiales. La justicia nos aprieta el cuello. Tenemos la voz hecha un hematoma. No hay ungüento que alivie este ardor. Este ardor vuelto rabia: aquí duele, duele tan profundamente que los huesos se descosen. Regurgitando las palabras, hemos venido. No nos alcanza la desdicha ni la tristeza; esto es más denso, expansivo. Es un océano desprovisto de mesura lo que hay dentro. Y también nombres; piedras; fuego; odios indispensables.
Si el pájaro muere
y dicen
que fue un accidente
habremos sabido
por susurro
por suspicacia de zorzal
que fue un accidente provocado
por el Estado de Chile.
martes, 29 de diciembre de 2020
domingo, 27 de diciembre de 2020
escupe
jueves, 24 de diciembre de 2020
a veces
Frente a la ventana
el horizonte
se asoma
con sus ojos de sal
con su mirada somnolienta
y rocosa.
Se despide de mi
el puerto
y con el
la gaviota que
mañana tras mañana
grazna
sobre la kasa.
Es el puerto
el que se va
de mí
también su frío repentino
su apuro transpirado.
Yo no sé
si voy
o
me quedo
No sé
del viaje
tampoco de la emulación
de movimiento.
No sé
si llamar errante
al pájaro
que ha muerto
o
ha creído morir.
No sé
arremangarme
la amargura
ni cómo
sostener
la tranquilidad.
Quizás
es el peaje
quizás
el protocolo
tal vez
el tránsito
por estas carreteras
que parecen viaductos
a la muerte.
Quizás es el cactus
aplastado
por las placas solares
reventado
por la avanzada
sostenible de energía.
Puede que las mineras
se queden a oscuras
puede que
de forma
aparentemente amable
el progreso
requiera de más sol
de más horizonte
de más ojos de roca
de más cactus
con las espinas enterradas
en sí mismos.
Yo no sé del viaje
no sé
cómo
puedo hallar una diferencia
si todo esto
me parece una destrucción
entretejida.
Por donde cruza la carretera
cruza el capital
también el guanaco
que queda como
estampilla folklórica
luego del atropello.
A veces
el sol me abriga
con dulzura
como un mimo de gatito;
a veces
el sol muere
dentro de un panel energético
su tumba
es
la minera
martes, 22 de diciembre de 2020
viernes, 18 de diciembre de 2020
espina
martes, 15 de diciembre de 2020
de dónde viene la lluvia
Cómo alguna vez le dije a Malva, está chácara lleva más de 230 años hospedando nuestras formas agrícolas de vivir en Horneros, una quebrada ...
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Por dónde empezar si la circunsferencia es emocional, es ampliamente disipada pájaro nocturno y yo no veo, pareciera ser que no veo lo sufic...
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La luna como una luciérnaga ciega tus manos cerradas sobre el fuego
