sábado, 22 de agosto de 2026
las diez caras de la receta medica
Habían máscaras, una mesa de noche, zapatos y una gata albinegra. Todo iluminado tenuamente. Las pequeñas cosas se expanden en mi mente y es inquietante su forma. Le ví el rostro. Me ví el rostro. Es una docena de músicas que me constituyen, que definen el contorno de este saber indefinible. Mi personalidad: este manojo de pastillas y sus efectos secundarios y también sus angustias y confusiones. Yo soy todas estas orfandades médicas. Cada visita al hospital, es una visita a un borradero, a un extractor de memoria. No sé quién soy es lo que pronuncio debajo de la ducha, ni cómo amar ni ver ni caminar porque la angustia me tiene paralizada. Yo amo en la misma medida que temo por mi consciencia frágil, especulada por mí misma porque no sé si es una consciencia lo que me mantiene caminando y escuchando músicas. No sé cuál es mi gravedad, mi eje y los libros me llegan como apariciones verdaderas, donde puedo arrojarme sin salvedad o escurrimientos. Escribo y punto. Se dice que no se debe escribir en la desesperación. Yo no escribo desesperada. Escribo porque no sé en qué parte deshuesaron mis recuerdos y, aunque desespere, no es ese el vector de mis recursos mentales molidos, anestesiados. Es esta fé en querer transformar las cosas, esta fé próspera donde las palomas no mueren de hambre. Pero también la prosperidad alcanza lo desconocido, que va más allá de la fé, porque indica una severidad o una rigurosidad que no me sobra. Estoy atrapada en - quién - cuándo debería arrojarme al - cómo - sin preámbulo. Y lloro, asustada de mí misma o por mi ignorancia de yo. Fragmentación, aguas enrarecidas. Eso bebo. Aguas irascibles, disoluciones... Y la somnolencia me arrebata la lucidez y el sueño, como el trabajo y sus patéticas justificaciones. Quiero saborear un poco de sol, dame ese rayo que cruza las hojas del naranjo en la mañana, a primera hora, cuando creo que he reencarnado en algo sólido y firme.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
las diez caras de la receta medica
Habían máscaras, una mesa de noche, zapatos y una gata albinegra. Todo iluminado tenuamente. Las pequeñas cosas se expanden en mi mente y es...
-
Por dónde empezar si la circunsferencia es emocional, es ampliamente disipada pájaro nocturno y yo no veo, pareciera ser que no veo lo sufic...
-
La luna como una luciérnaga ciega tus manos cerradas sobre el fuego
No hay comentarios:
Publicar un comentario