miércoles, 7 de octubre de 2026

muy veloces y encontrados y casi idos

Galopa una fiera extraída de una vieja sombra acunada en la orilla de la fuente. La fuente es eso, una sombra de agua. Voy entrando a un espacio sin fieras, sin fuentes de agua y como había previsto, solo  yo en esta sala donde los espejos son la totalidad de las materias. El mundo es un espejo y me hallo en uno de sus bordes, tratando de rehuir la mirada permanente. Ahora, amo y no sabría decir qué es amo más que esta aproximación, la distancia absorbida, cosida entre sus esquinas. Amo. Sufro por mis estados físicos impredecibles, invocadores de  sensaciones pudorosas, inhibidoras. No reencarno cuando el sol estira sus Aguayos y encumbra meduzas blanquecinas al amanecer. Yo revivo con todas las voces en la noche, con el sigilo de una patada tras los paraderos. Vuelvo a la vida en cada temerario y, tratando de entender estos rosales pobrísimos de vitalidad y los perros deshuesados en la avenida, voy armándome de restos, de tránsito, de esquirlas. Podría implosionar ahora mismo y algo me transformaría en una caja negra, llena de cosas indecibles. Necesito estar en la ventana más soleada. Me cruza tu luz, tu figuración de gato amainado por el ruido. Te veo. Quietud bajo la lámpara, angulosa y cálida. Necesito la manifestación del espíritu, necesito saber cómo dos velocidades se encuentran camino al habla, al sonido o a la luz. 

muy veloces y encontrados y casi idos

Galopa una fiera extraída de una vieja sombra acunada en la orilla de la fuente. La fuente es eso, una sombra de agua. Voy entrando a un esp...