miércoles, 30 de septiembre de 2026

con los ojos puestos en pobres jardines

Ortigas en las manos. El ardor es azul y gris. Mis ojos son halos negros. Esta desesperación tiene que ver justamente con ortigas desespinadas. Voy a buscar una luna que vaya comiendo la poca lumbre y con ello, los caminos y sus ventanas oblicuas o palabras demasiado rectas para ser pronunciadas. Giro y los autos con hábitos arrasadores y su consunción en la retina y en el miedo. Lagar imperfecto en las aureolas de la infancia porque ese suelo así lo era: un aplastadero de uvas moradas. Qué fácil era robar uvas, qué fácil es lubricar la boca los pensamientos incluso el sueño torvo. Embozar colibríes para que escapen de alguna manera / sucesión de aposentos maltratados. Tienes viejas costumbres porque no tienes futuro entonces las cosas se vuelven maneras de larga aliento. Soplar las velas soplar las casas arcillosas como tapias sordas y continuar porque todo eso es materia ida, desplazada. No finjo, altero. Y tienes un jilguero demudado, así es como los pájaros se vuelven amarillos y verdes aún cuando fuesen pájaros estrictos. Qué canta ahora qué azora mi carácter y porqué resulta difícil pronunciar palabras porqué pican como ortigas si el jardín está baldío y picoteado y porqué aquí vuelve el estío con su cardumen de nubes sombrías y su ambientación  deslucida, mustia...

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