martes, 30 de diciembre de 2025

V

Se evapora la sensación
cómo un pájaro de sol
cruzando la noche

No era el miedo / era la duda

Y ahora, cuando 
el astro muestra
su espalda transparente,
la nada o su vacío,
lloro
porque
una estrella moribunda
ha pedido asilo
para siempre en mi boca

¿nos bastará la sodomía 
/ el código /
la despedida?

Se quema el cerro
Se quema algo
más que
un par de loteos 

¿Cómo voy
a ti
sin 
esta hilera de huesos perdidos?

¿El tránsito hacia
qué?

Denso
Suave
Exquisito

Te beso
y...








domingo, 28 de diciembre de 2025

Reservo en los párpados de la noche
este
abrazo
que ha sido para ti desde
que partí de nunca,
desde que morí
tantas
veces en la música de nadie

¿Ves la ventana?
Es nuestra
porque así
lo dispuso
quien mira desde lejos

Santiago
es la herida / el nombre

Y aún así
a pesar de todos los muros
busco 
esta vez
conocer el rostro

¿qué rostro, mi amor?





miércoles, 24 de diciembre de 2025

Voy desanudando estas amarras de masoquismo autoinducido, sin código. Cómo asumir mi incapacidad para volver a sentir emociones traslúcidas, giratorias o conmoción. He sido piedra y también río y sólo me va quedando la forma, ahuecada y apenas encendida. Dentro de mí, una madre a la que tengo que extraer desde el centro; un padre que odio, día tras día, a pesar de no recordar su última mirada abandonadora. En la ciudad, en este tipo de ciudades conectadas, lumíniscentes, burocráticas... algo va alimentándose de mi voz, de mi valentía o, al menos, se hospeda desastrosamente en mi sangre. No quise este miedo a los ojos abiertos, fortuitos, expandidos como pozos llenos de agua pura. Y aunque blanda mi cuerpo contra el muro, el pudor me come a mordiscos. ¿Cómo un scort encarna esta vergüenza? ¿cómo se deshace la maldición de sostener el sexo de otros en el propio, sin poblarse de estúpidas y absurdas interrogantes? 

Los ojos abiertos, a siete centrímetros de los míos. Mucho vapor subiendo por el cuarto, por los cuellos húmedos por donde se desliza nuestro sudor. Los maestros construyen y silban y gritan afuera. La ciudad crece porque tiene futuro. Se obra para ella y su crecida irremediable, natural. Eso dicen. Yo me agito. Me agito y pienso en qué momento mis preguntas a viva voz, se tornaron súplicas... ¿cómo se comparte el dolor?

Y no es el lugar, porque no me puedo permitir este lugar donde las cosas me parecen las cosas de ayer. Necesito no una lobotomía ni más medicación ni mejores consejos. Necesito reconocer el silencio, la distancia entre una música y otra... 

¿cómo se dice agua sin palabras y sin gestos, sin manos ni ojos? con el ímpetu, en la sed, quizás... El cuerpo necesita experimentar sus necesidades para convertirlas en necesidades. Yo experimento el ruido, la turba y acaso eso sea la revelación, impedir el paso o el canto de silueta percudida, enemiga... 

domingo, 21 de diciembre de 2025

no tienen que entender a nada

En estas cajas
podría caber algo mucho más grande que el miedo. Podría... empujar la fecha y aún así las naranjas penderían del árbol, redondas y con moho. Frutos brillantes, lustrados por el sol, terminan podridos. Mi amor es así, mi afectación es así: submarina, la cubre el agua hasta sus sienes y se arrastra hasta la orilla, como un naufrago. Mi corazón es el mismo corazón roto que el de mis ancestros. Lo hundieron, lo quemaron, objetaron su amplitud. Y aún así, siento como la brisa de la tarde se despide besándome las mejillas. 

Un archipiélago de tristeza. Un vasto desierto y en la cima, el Guanaco transformandose continuamente. Tienes las mejillas enrojecidas, no llores. No quiero estos hospedajes de sombras, de animales que se ahogan con su propia vocalización. En estado suicida, puedo reconocer cómo es que la flecha tiene arco al otro lado de la vida y de la muerte. 

[ En las paredes, postales de incendios, basurales, gatos pobres. Alguien colecciona desastres. ]

Errática o simplemente desencajada. En la luz, aunque así fuera en la penumbra, mi brillo es el de un astro que ha muerto. Tú tienes el control de la velocidad, yo esta pérdida de las medidas, esta hondura de crisol, los ojos de cántaro... 




¿Y si verdaderamente no me gusta? ¿Y si sólo quiero la fugacidad, el dedo entre mis labios, los ojos abiertos? ¿será esta otra de las maldiciones de no saber hasta dónde? Confundida.

¿por qué esta caravana de estrellas agotadas, empobrecidas? ¿dónde su fulgor, que por la noche, traza rutas verdaderas, longevas?
Confundida.

Valentino

 Entonces, nos encontramos con la misma combinación de prendas, en la puerta del edificio. No puedo quitar mi atención de tus ojos con pliegue epicanto. ¿De qué arenas se protegían tus ancestros? ¿qué vientos y en qué dirección sucedían las cosas? Entramos, después de tropezar escandalosamente. Un poco torpe, pero me tienes así, nerviosa y agitada. Intento mantener la postura, la oratoria y el contenido. Haces las cosas con una prudencia extraordinaria, placentera. Tus manos, tu cuerpo, tu voz están conectados notoriamente. Cortas el limón, ordenas las botellas, preparas los vasos y abres la cerveza. Ni dos sorbos y ya nos besamos con sabor a limón y picante. Nos besamos intensamente, mientras yo observo tu piel, suave y pálida. Tus brazos, como de nieve salada, se deshacen en mi boca, en mis besos que van desde tu cuello hasta tu clítoris. La desnudes deja de ser una - porción pudorosa - de mi espíritu. Te muestro la carne, sudo, gimo, lamo, tu cuerpo es un pez lunar que devoro inútilmente porque no hay saciedad, no me detengo cuando los líquidos hacen el río de agua pegajosa, exquisita. Me miras hondamente y pierdo ausencias y sombras. Subes a mí, me escalas, me azotas dulcemente. Y en mi pecho, tu cabeza apoyada y tu voz que es una voz de criatura ardorosa, sofocada. Esa voz me penetra, me escupe, me impulsa a sostenerte mucho tiempo, muy cerca. Luego, me dices cosas irrepetibles porque sólo tienen ese lugar y ese tiempo, sólo ahí el eco de los cuerpos. Las cicatrices, la depilación, la disolución del rol... beso lo desaparecido, el vaho de tus pelos, el olor de tu vagina y de tu boca, de tu lengua pequeña y dócil. Quisiera que aúlles, que tengas siempre una voz de animal que se vaporiza en su propio goce y que vuelve, con la espalda y el pelo húmedo. Luego, dos cuerpos y una gata, repartidos como frutos cansados sobre la cama. Afuera, la metrópolis y su velocidad, su cadencia siempre en desproporción, con autos y luces despavoridas. Dentro, esto que soy frente a la cámara junto a Dora, una especie desnuda y lejana.


viernes, 19 de diciembre de 2025

Buscando nuevos titulos

Construcción Vernácula, el nuevo título de mi poemario. La dualidad de lo propio, los endemismos y la esclavitud. Maria Lugones, Anibal Quijano, El Kintral, Claudia Rodriguez, Leonor Silvestri, Adrienne Rich, Angela Davis.  Incluso el registro que ha hecho mi propia gente. Necesito producir la experiencia poética compleja, audaz, pero no necesariamente auténtica, porque la idea de originalidad rompe el rito y en el rito, la voz de mis ancestros que habilitaron mi voz poética, la materialidad territorial necesaria para que los vocablos emerjan como las voces de los ríos de oro, donde los muertos de La Laja señalan < aquí debajo del embalse, los perales y los membrillos y los huesos santos, el hundimiento y la construcción vernácula >

martes, 9 de diciembre de 2025

Costa Dorada

La luna como una luciérnaga ciega
tus manos cerradas 
sobre el fuego


Huasco

En la línea férrea 
una sombra me abraza
como a un recién nacido muerto 
Es el azul desvencijado
lo que trae a zorzales y gorriones
a picotear los suelos sombríos.

El espejo dice
no hay cuerpos
a esta hora
en este encierro 

La ventana 
con sus brazos extendidos
aguarda la niebla

Este color de temor es
un vaho
con nombre de ser querido muerto

¿Conoces la rivera dorada,
la brisa de la costa desértica,
el sabor a sal del fuego?

Nombres.
Nominaciones imprecisas.

Este mar
tiene 
cordeles negros y verdes;
sogas 
y despeñaderos 
o rosadas caídas de luna.

Se va 
¿quién?
la voz con su silabario roto
¿por qué?
es cómo
y dónde
porque en el desierto
la voz es un eco fatuo

Mira el mar
la ola sube
hasta tus pies de infancia fantasmagórica

¿es dulce 
la tregua?

 ¿a quién besa la noche
cuando cierro los ojos 
y los abro
en tu color 
de arena,
de pez lunar?

La ventana está abierta,
tremor
o agitación, 
suspiro
de por fin es nunca
por fin la disolución del yo.

No eres
No eres porque
sólo 
asistes 
a tu nada

sólo asistes 
sin vocablos 









lunes, 8 de diciembre de 2025

cuando pierdes proporciones, el encuentro está incluso antes de las fuerzas

Esto es una forma de afectarse. Las frustradas, heridas, rotas, fracturadas o truncados, caen en esta búsqueda implacable de soledades o de turbaciones afectivas. En el pozo, el agua. Entonces no bastan ni el pozo ni el agua. Es el proceso, es cómo descender y cómo ascender. En los juegos de la infancia, siempre supe dónde se escondía todo el mundo. Tengo la habilidad o el don de una persona con visión reducida desde que nací. El diagnóstico no abre el don, lo clasifica. Deformidad en la córnea.  Y, quizás, algo busco en la celeridad del encuentro, también en la prudencia. Más que el líquido, más que la boca y los ojos y la estrella pálida que muere desconocida sobre nosotros. No es precisamente follar, no es precisamente el rápido fuego de los abrazos parturientos. Mixtura. Es una porosidad distinta, más parecida a una conversación mirando la nada y encontrar en las palabras del otro, las propias y también otro lenguaje que enriquezca el encuentro, las sensaciones, incluso, si se da o no en el sexo, en cada pliegue recordable. La fantasía es un lenguaje singular, una ficción con figuraciones y abstracciones magníficas, floridas, llanas, acaloradas y polares. Y allí, en plena confusión de los últimos momentos, en la sombra de la taquicardia que me vuelve nerviosa y aún así, erguida y livinidosa, nos encontramos o nos separamos o tomamos distancia todavía caminando por el mismo sendero de árboles quemados en la copa. ¿Será el norte esta quemazón de copas de maitenes? ¿Serán estas las dudas que entorpecen mi prosperidad poética, incluso novelística, incluso más que mi peste? 

Cuando creí estar cómoda, acorde a mis tratamientos, suscinta como el lenguaje de una prostituta de alto rango, viene mi locura y mi estados enrarecidos. No tengo problema, tengo demasiadas soluciones individualizadas, demasiado cerco. Pudiera saltar pero debajo algo me recibe, me recobra para seguir saltando en vano hasta que se me olvide escribir sobre todas las cosas que amo profundamente: los libros, los cigarros,  la soledad, los fantasmas, el desierto o las putas. Me recobra y me revive para dejarme frente a mis revistas, como si me reeducara, como una rectora muy parecida a mi madre a mis nueve años. Exigente y joven, agresiva. Pero siempre los hombres jugaron aún peor el juego. Ellos me resucitan para volver a empujarme. Incluso, desafían mi escueto almacenamiento de información, lo desafían porque sí y siempre frente a otros. No tienen remedio porque a pesar de ser los ganadores, pierden. Y, cómo en un jardín de hortalizas y arbustos, los hombres no son los mismos en ninguna porción de tierra. Y aún así, odio a los que me rodean. Pero la noche no es eso en mi ficción ahogada, saturada, casi como una yegua que es obligada a subir una quebrada con espinas en las patas. Esa yegua blande su cola contra la niebla. Y esa quebrada la acompaña, la besa y la acoje en sus sienes de tierra roja, de tierra originaria. Y mi voz, que va doblándose en el momento, es una voz sólo de alguien que necesita protegerse de otros alguien, de sus circunstancias y velocidades. La velocidad es mi mal necesario, el satisfactorio choque de la brisa de verano contra mi rostro. El olor de los naranjos en primavera, ácidos y soleados.

Años dorados, años plateados. La vida se mide en minerales. Y en nupcias. Yo, o lo que creía ser yo, casada con el vacío de una casa vieja o con un jardín pequeño, pero macizo en ajenjo y lirios. Tienes el poder cuando dices que ya no amas, que ya no amas teniendo sexo sin ningún intercambio beneficioso, tienes poder y también tienes esa desgracia de animal pobre, de leyenda desconocida o conocimiento sacro mitologizado. ¿Pérdida o encontrada? en la búsqueda de cualquier astro que sea parecido al desierto sin ser el desierto, donde nadie lleve sus embarcaciones enormes a la orilla, a mi orilla... sabía que hay esto de salir y encontrar, que hay esto de olvidar los abandonos sin poder hacerlo porque es imposible olvidar lo que se odia tan plenamente. El cielo brillante como los botones de nácar falso. Alguien come verduras y pensará en que todo estará mejor. Ridícula criatura. Ridícula por ingrata y criatura porque es una palabra precisa para insultar o edulcorar sin distinciones. Releo libros. Veo las plantas de verano morir en verano, por exceso de agua o quemadas y olvidadas en las orillas de los balcones.  Entonces, siempre hay muertos cerca, siempre e indudablemente. Y el encuentro es una especie de muerte o una especie de vitalidad impredescible para mí, siempre ambivalente o fugaz como las copas de espumante de febrero, en Bahía Inglesa. Hermoso sitio para despeñarse hasta olvidar escribir y aprender a morir (frente a los y las turistas)  en pocos segundos, aprender de las estrellas desde la caída. Hay cosas que sólo saben los que caen para siempre. Sin proporciones, entregarse a esa observación, al beso último del viento en las mejillas. Dejar entrar para que una pueda salir volando como una bala loca, disparada a la medianoche. Escribe. No seas tonta, fútil. Escribe, por favor 


domingo, 7 de diciembre de 2025

la fantasía es tú

Tus labios blandos y gruesos
Mis rizos en el viento, bajo el ácido
y los gatos que velan la noche,
a los apuñalados,
a las putas atigradas de Cal y Canto.

Los animales tienen sed
porque solo hubo piedras 
en el tramo.

Besas la orilla de la noche
y le rezas 
a nadie
porque nadie
es quien puede
decirte cómo
decir cuándo y dónde.


La noche arde como
una gruta hermosa /
y la luna con su gravitación absorbente... gira.

no tengo palabras
para encaminar la voz,
para enriquecer el encuentro.

¿porqué me gustaría suicidarme
mientras
me besas hondamente?

¿porqué
en morir
hay verbos
novedosos,
sombras
con trino
de pájaro conocido, amado?

jueves, 4 de diciembre de 2025

me señala esta luz dorada sobre los ojos y me cubre la sed con su roce, con sus palpitaciones él que me habla y me lee y yo que escucho con ...