martes, 10 de marzo de 2026

Hay que ir a comprar el pan

No tenía más remedio. Nunca lo tuvo porque su padecimiento había sido desplazado a < conducta errónea,  delictual > y los delitos no se curan, se enmiendan con encierro, aún fuera de las penitenciarias. Ágata abre su cartera, espaciosa como una boca desdentada y la llena de artículos premium. Avanza por pasillos, acomoda sus aros de orquídea, estira las arrugas de la blusa y continúa el recorrido. Las tiendas son vigiladas por dispositivos censores, asociados a conductas, incluyendo expresiones faciales, musculares y corporales en general, como la forma en que se acomodan los aros de la oreja. Esta revisión conductual la realiza un completo equipo ubicado en la Central de Telecomunicaciones y Vigilancias Alternadas, mediante sensores espaciales y visuales dispuestos en todos los productos, en cada establecimiento comercial. Entonces, Ágata repasa los apuntes que tomó en Villa Salada, cuando fue detenida por una patrulla sensorial. ¿Su delito? no se sabe porque fue procesada por causa común y en el Código Penal de Comportamientos Arbitrarios se establece que quien fuese sorprendide, in-situ o retrospectivamente mediante la revisión de sensores de espacialidad y movimiento, planificando una posible acción indecorosa, como correr, barrer las veredas en compañía o cualquier comportamiento que implique conversaciones posiblemente sospechosas, movimientos extrañamente cautos o bruscos, será inmediatamente procesade bajo el cargo de Persona Inadecuada, cuya pena equivale a ocho años de encierro mínimo en su propia casa, con libertad total de movimiento a cien metros a la redonda, implementando además un sensor de ruido debajo de su lengua y un sensor de movimiento en sus párpados para medir pronunciaciones, modulaciones o miradas sospechosas. En estos apuntes, Ágata anotó casi en un estado intermedio puro de la agitación y la calma, que debes quedarte quieta, lo suficientemente quieta para que piensen que caminas y debes caminar como si estuvieras corriendo para mantener los índices del sensor extraviados,  o algo así dijo la Polipoket, que había que ir como una líbelula media muerta aterrizando en la nada y mirar, niña, eso me decía, mirar como se miraba a los muertos que nadie quería en sus entierros, sin ningún interés ni gracia particular pero fijamente, niña, sin ponerte nerviosa que sino los sensores de los párpados te cierran los ojos y despiertas en tu casa, pegándote cabezazos hasta el desmayo. 

Agarra su cartera nuevamente, camina y corre y se detiene sólo en su cabeza porque parar es sinónimo de titubeo emocional, de duda y la duda es sospecha y debe seguir, con lista en mano, escogiendo todos los productos con aparente seguridad. El almacén es un bodegón custodiado sólo por sensores, el dinero tiene sensor de humedad para detectar sudor y nerviosismo. Las tarjetas han sido desechadas porque Personas Inadecuadas, las cubrieron con fundas acrílicas y aislantes, impidiendo la lectura. Escoge todos los productos anotados en la lista, lista que también tiene un sensor de movimiento para analizar caligrafía y calidad y consistencia en el trazo y la letra. Ágata había aprendido a sobrevivir al almacén, entre góndolas practicamente vacías y muy heladas, porque el aforo era de una persona por semana, divididas por capacidad adquisitiva, antecedentes sensoriales, adaptación al Rol Único de Género y al Control de Edad Permitida. La edad es regulada como la velocidad en una avenida transitada a todo hidrógeno. Pasado los cuarenta y nueve años, debes inscribirte en los Servicios de Cuidados de Alta Incorporación, para dedicarse a labores exclusivamente domésticas en hogares de alta gerencia. A pesar de ser un deber ciudadano, en las afueras, entre las Quebradas del Copao y El Secano de La Nada, grandes grupos de personas mayores de cuarenta y nueve años se esconden impecablemente y han producido una resistencia al acto de servir llamada Fóbicos a la Sobremesa de Gerencia, clara alusión a que la extendida y extensa sobremesa de quienes pertenecen a la Clase Entendida, es prácticamente una labor de limpieza y cuidado infinito. 

Al momento de depositar treinta y dós billetes de bronce, suena un sensor de humedad. Se activa el protocolo, ella suda por temor y por sentirse sospechosamente inquieta, revisa su cartera por si por error olvidó disponer un billete en el recipiente y no, no encuentra nada y, mientras el protocolo activa la etapa de Forzar Párpados, Ágata utiliza la técnica descrita en la antepenúltima hoja de la libreta:

weona, recuerda, tú no eres de acá, tu eres de la quebrada, tu eres una vieja retirada y que las prótesis se gastan, por más que le apliques polygel de uñas a tus palmas para encapsular el sudor, eres vieja y debes volver, mediante tres taconazos seguidos, a comunicarte, con las camaradas, ellas sabrán que hacer, eso dijo la Julia, me los dijo apurada pero le entendí porque modulaba perfectiiito la vieja puta. Te apagarán, te cerrarán los párpados como dos nueces podridas y verás nada y nadie te verá y aparecerás en tu casa. Pero el oído, el oído recordará, como viejas campanas, los tres taconazos. Llegarán las viejas, recuerda que eres una Fóbica y una Vieja Odiosa, mi niña, que de niña naaaada, niña... así que ya, recuerda, nosotras iremos por ti, tu única misión es mapear el almacén, tomar una muestra de cada producto para entender cómo desconectar los sensores, weona, ese es tu trabajo, tu labor, mi amor ¿o quieres limpiarle el water a las de arriba? Tenemos que apuntar, detalladamente, si es que hay sensores en los productos o si los productos son los sensores... mi niña, toma, esta medallita de San Lorenzo, no la detecta nada porque es más vieja que todas juntas, aquí la fé es como esa tradición que había antes de comer chocolatito antes de algo que te pusiera temblorosa como una gelatina, esas que nos daban en el comedor de siervos, tan mala que sabía esa cosa, Ágata, por eso concéntrate, fíjate mi amor, nosotras te rescatamos, de tu casa o del almacén, pero ahí estaremos, antes de que te revientes la cabeza a cabezazos contra el muro o contra los espejos o las ventanas y si puedes, intenta correr para saber si algo impide la aceleración, todo es importante, corre o grita, necesitamos saber si los sensores son cosas o somos nosotras mismas... 

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El Loro. Surrealismo chileno. Lectura pendiente. Leo Maslei