Agarra su cartera nuevamente, camina y corre y se detiene sólo en su cabeza porque parar es sinónimo de titubeo emocional, de duda y la duda es sospecha y debe seguir, con lista en mano, escogiendo todos los productos con aparente seguridad. El almacén es un bodegón custodiado sólo por sensores, el dinero tiene sensor de humedad para detectar sudor y nerviosismo. Las tarjetas han sido desechadas porque Personas Inadecuadas, las cubrieron con fundas acrílicas y aislantes, impidiendo la lectura. Escoge todos los productos anotados en la lista, lista que también tiene un sensor de movimiento para analizar caligrafía y calidad y consistencia en el trazo y la letra. Ágata había aprendido a sobrevivir al almacén, entre góndolas practicamente vacías y muy heladas, porque el aforo era de una persona por semana, divididas por capacidad adquisitiva, antecedentes sensoriales, adaptación al Rol Único de Género y al Control de Edad Permitida. La edad es regulada como la velocidad en una avenida transitada a todo hidrógeno. Pasado los cuarenta y nueve años, debes inscribirte en los Servicios de Cuidados de Alta Incorporación, para dedicarse a labores exclusivamente domésticas en hogares de alta gerencia. A pesar de ser un deber ciudadano, en las afueras, entre las Quebradas del Copao y El Secano de La Nada, grandes grupos de personas mayores de cuarenta y nueve años se esconden impecablemente y han producido una resistencia al acto de servir llamada Fóbicos a la Sobremesa de Gerencia, clara alusión a que la extendida y extensa sobremesa de quienes pertenecen a la Clase Entendida, es prácticamente una labor de limpieza y cuidado infinito.
Al momento de depositar treinta y dós billetes de bronce, suena un sensor de humedad. Se activa el protocolo, ella suda por temor y por sentirse sospechosamente inquieta, revisa su cartera por si por error olvidó disponer un billete en el recipiente y no, no encuentra nada y, mientras el protocolo activa la etapa de Forzar Párpados, Ágata utiliza la técnica descrita en la antepenúltima hoja de la libreta:
weona, recuerda, tú no eres de acá, tu eres de la quebrada, tu eres una vieja retirada y que las prótesis se gastan, por más que le apliques polygel de uñas a tus palmas para encapsular el sudor, eres vieja y debes volver, mediante tres taconazos seguidos, a comunicarte, con las camaradas, ellas sabrán que hacer, eso dijo la Julia, me los dijo apurada pero le entendí porque modulaba perfectiiito la vieja puta. Te apagarán, te cerrarán los párpados como dos nueces podridas y verás nada y nadie te verá y aparecerás en tu casa. Pero el oído, el oído recordará, como viejas campanas, los tres taconazos. Llegarán las viejas, recuerda que eres una Fóbica y una Vieja Odiosa, mi niña, que de niña naaaada, niña... así que ya, recuerda, nosotras iremos por ti, tu única misión es mapear el almacén, tomar una muestra de cada producto para entender cómo desconectar los sensores, weona, ese es tu trabajo, tu labor, mi amor ¿o quieres limpiarle el water a las de arriba? Tenemos que apuntar, detalladamente, si es que hay sensores en los productos o si los productos son los sensores... mi niña, toma, esta medallita de San Lorenzo, no la detecta nada porque es más vieja que todas juntas, aquí la fé es como esa tradición que había antes de comer chocolatito antes de algo que te pusiera temblorosa como una gelatina, esas que nos daban en el comedor de siervos, tan mala que sabía esa cosa, Ágata, por eso concéntrate, fíjate mi amor, nosotras te rescatamos, de tu casa o del almacén, pero ahí estaremos, antes de que te revientes la cabeza a cabezazos contra el muro o contra los espejos o las ventanas y si puedes, intenta correr para saber si algo impide la aceleración, todo es importante, corre o grita, necesitamos saber si los sensores son cosas o somos nosotras mismas...
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