lunes, 2 de marzo de 2026

La finura en la piedra, esa que lanzaste al otro lado del río, pleno y fresco. Un enjambre de libélulas y golondrinas cruza la superficie. Un sonido emerge, una música que une la orilla a la profundidad. Aquí, hace algunas muertes atrás, alguien encontraba su lugar de peregrinación, su disparidad. Alguien toma dos piedras y las esconde en los bolsillos. Avanza, lentamente, por el musgo y la pirca. Detente. No es un río. No es un hundimiento. No te has sumergido. Mira, toca la cubierta de estas cosas suspendidas frente a ti. ¿Ásperas? ¿lejanas como los cuerpos de las fotografías, donde eras apenas, donde fuiste acaso, durante la niñez? 

Entonces, yacen los lenguajes familiares, con sus rostros revueltos o las generaciones que acompañaron las idas a los ríos, mueren mueren porque te has ido y te han expulsado y has querido retornar como una mitología veraniega, sosegada sólo en el ocaso, ardiente y llorosa. Tanta ruta de ida o hermosura de cántaro a mitad del desierto y vienes y vas pensando en qué sería mejor, qué agua beber... 

Te mece el río, los ríos te mecen y los muertos besan tu espalda y lloras dulcemente, porque han venido, porque te han oído decir < aquí y ahora, me envuelven >...

Y no vives de muertos y no sabes resistir esta arquitectura de espectros y sombras... 

Detente. No es un río. Es una voz. Dice lo siguiente, presta atención: 

Al otro lado del río
Al otro lado del río
la virtuosidad
y en la pirca 
el espíritu
la caída la luna asombrosamente cerca los peces de la memoria los amores perros la saliva los autos moteleros tu amor tú amor tu nada tu fantasiosa soledad tu éxtasis la noche empalagosa la noche por siempre la piedra y su finura los espectros las fotografías quemadas y el espíritu el espíritu el espíritu...







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La finura en la piedra, esa que lanzaste al otro lado del río, pleno y fresco. Un enjambre de libélulas y golondrinas cruza la superficie. U...