Por la mañana, los espejos continúan su triste imitación de charcos y orillas. Nevazón en la cordillera, también en la pampa, pálida y muteada.
Digo no al sonido de mi infancia, sangre o de mi capacidad amatoria. Soy un cuarto aislado, con los sentidos sellados al vacío. Algo nace y me posee y se traga mi - identidad provisoria -. Tiene voz o trino. Nazco nuevamente y el humo, el odio, mis abrigos, son experiencias novedosas. Es mi fiebre o el ardor en la memoria post traumática; fría y punzante. Es el paso del zorro por la estela de la noche; el hervor en mi sangre, nueva y determinada, brutalista...
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