sábado, 29 de noviembre de 2025

La deslealtad duele. Me duele porque desdibuja los recuerdos, los muerde. ¿Y el abrazo? es con púas.  A veces, me gustaría decir que sería distinto si estuviéramos juntos, con la gata, las cortinas abiertas y la noche entrando como un animal azul y luminoso.  Pero no, porque sería decir que no me duele, que las decisiones de ambos no tienen efectos sobre nuestros propios cuerpos. Quizás, te quiero y podría decir que mucho. Pero hay daño. Hay alteraciones y no pido planicies, zonas despobladas de conflicto. Tampoco quiero que me rompan la paciencia, que es una de las pocas bondades que me quedan. 

Te escribo para poder olvidarte. Escribo para activar esta fuerza que es la del olvido, pleno y total. No te espero. No te busco. Te ubico en una zona yerma, libre de cualquier medio que pueda entregarnos al encuentro. 

Me entrego a otra historia, desmovilizo las fuerzas que me llevan a ti... a tus característicos pasos, tus sagradas manos. No te amo, no te quiero porque en el rencor me vuelvo una criatura agreste y desconfiada. No habrá cruces en la sombra. No habrá dos cuerpos que hondamente se comunican.

No hay señales, Rasek. Nunca más.

martes, 25 de noviembre de 2025

los cuerpos celestes se llaman así porque una travesti suicida podía hablar con cuerpos azulados, fantasmagóricos

Busca asilo en la perforación del fantasma, en sus huecos y ademanes transparentes. Repite conmigo: debes tener tiempo para nada, debes tener la vista clavada en un punto vacío. No. Dos manos se alzan y luchan imperecederamente. Siempre dos, el mundo y sus dobleces, sus pliegues de sí y no y tú, buscando el milagro en la poca cosa, en tu peste. ¿Qué esperabas? nada. ¿Y porqué esas manos alzadas y esos ojos abiertos, como cuevas apetentes de murciélagos? No espero, no espero...

¿Y dónde vas? A los pliegues, a los encuentros con algo. No tengo mayores indicaciones. Se va y punto. Hay un fantasma mirándonos ahora y rié con extrañas intenciones y llora porque el viento lo arrastra violentamente. Llora porque puede llorar sin los miramientos del espíritu, porque no experimenta tiempos adecuados y por eso también ríe y se masturba y nos observa  y besa mis manos, las besa y no se despide porque no está inscrito en el signo, en el lenguaje...

¿Y tu cuerpo? No preguntes. Un cuerpo es un agujero. ¿Tu cuerpo? nunca más una borradura, hasta el día impreciso, en que la noche muerda mi fe. Voy. Voy entrando...



sábado, 22 de noviembre de 2025

los espectros vuelven con su memoria arrinconada

Los despeñaderos de Coquimbo
donde lancé mi voz
de pez partido.

Vienes a mí
como una embarcación embustera
y estiras lienzos con tu imagen
y palabras 
de fuego
porque detrás de nosotros
el fuego 
y en mí,
la incomprensión,
la expansión de
esta nostalgia,
que es una mordedura de ácido
sobre el metal.

No vengas.
No hay piedra ni trenes.
 
Los perros ladrando fuertemente;
El maquillaje corrido
y aún así, asistiendo
tus heridas urgentes,
siempre
más importantes
que mi propia disolución...

No a la autocomplacencia
es no volver 
a los espectros

02:00AM

¿Tienes miedo
de encontrar, de finalizar la
búsqueda?

El alcohol tiene
colores
azulosos 
y el cielo,
más tarde,
también azul
azul espejo
azul Playa Guayacán
y más adentro,
donde reside
esta nostalgia de mierda,
un color desatendido,
un color misterioso
y bastardo.

No estás
No estás
Y el agua entra
entra
porque esta vez
las palabras
no hacen el lenguaje 
Y digo detente
Y entras
Y digo no
Y entras hondamente, 
hondamente...

sábado, 15 de noviembre de 2025

agua

Pediste asilo en el fuego y quemaste viejas fotografías, pusiste en su centro una posible revelación. La brisa de verano nos mordía los ojos, la carne. Mi amabilidad, mi ruptura emocional que me vuelve cosa viva, objeto perecedero. Inútil ahora poner las manos al fuego. Inútil, quizá, esta hermosura en revisar álbumes y corporizar rostros, vestimenta, tiempos. 

Mi llanto patético, oblicuo, torcido como si fuese contra el eje del planeta. Le lloro a las nubes, a las palomas, a la basura, a las campanas. Hay fuerza exponencial en la sensibilidad. A veces piedra, a veces charco, a veces espejo. Te arranco de mí, deshabito esta nostalgia entristecedora, llana de saxofones y aún peor, despoblada de quién sepa decir con el viento, con su propio aire. Los jacarandá poblan de semillas moradas el suelo. Es una explanada de pequeñas cosas en descomposición. Algo nace, algo produce una ecología en el centro de la muerte. Tienes la contradicción y su fuerza porosa, el relieve del disentimiento. 

No amas, no buscas exploraciones, no quieres ajustar tus medidas, no conquistas.

Santiago de noche. Las luces gaseosas, las veo arder, evaporarse. Nieblas luminosas, halógenas. Allí te ví y allí te pierdo. No en el agua, mucho menos en las tierras donde el sol nos agita como huesos santos, como enérgicas criaturas. Debo perder la partida, desistir, rasgar los tableros, destruir las piezas. Estoy en la soledad de un potrero, siendo medio de ensoñaciones...

Ahora es predestinación, ahora es ir a ningún lado o en contra de todas las direcciones. Bastará la sed. Bastará la soledad. ,

sábado, 1 de noviembre de 2025

sus celebraciones

Vienen por ti, los huracanes novedosos,
las confusiones literarias o gramáticas.

- ¿sabes escribir?
- escribe: aquí no pasa nada, nunca ha pasado nada.

Replantear la conversación
sobre cómo suprimimos al otro;
tengo el párpado
caído 
y el cuerpo entra - porque en algún momento sale - en estado de suspensión, física y social.

Derivo mis clientes a putos anónimos;
los retorno y ofrezco la posibilidad
de barajar nuevamente el naipe.

Ayer besé mis brazos.
Ayer fue como lamer huesos incomprendidos, sobrantes.

Se empuña la letra, no se escribe. 
Se empuña para clavársela a una misma
donde una quiera o donde se necesita.
La locura es un pasadizo,
una rosaleda o jardín de verbenas,
parecidas a un golpe macizo en la cabeza.
Eléctrico, vergonzoso, agudo.

Los ríos, ríos exudados, materialmente
empobrecidos
y, en espíritu, recios
como una potranca que descuera la chépica.

Muerte y vida.
No hay matices en lo inevitable,
a lo más el silencio que está siempre lleno
de un algo indecible, probable y vasto y que tiene la forma de dos anchos paréntesis opuestos.

Cierro los ojos y vuelvo 
y vuelvo
y reconozco la nostalgia que me envuelve
y la sacudo
y vuelvo para
decir nunca
nunca
la paz 
siquiera en la enfermedad
siquiera en la espesura del jardín.

Y los girasoles
musicando los medios cielos
con su dorada melancolía,
que más temprano que tarde,
les cortará la cabeza...

Y más allá,
los jilgueros 
suplicando lombrices
al espino.

Lo indecible no es lo que no se dice;
es probablemente
lo más cercano
a una fiebre contenida;
un mensaje en medio de vahos
y niebla.

Toma.
Cose lo indecible.
Cóselo o despúntalo.
Toma.
Corre tras el surco
o por medio de el.

Como tirada de las orejas por un fantasma, 
corre y bésale las manos... besa lo desaparecido.


,

me señala esta luz dorada sobre los ojos y me cubre la sed con su roce, con sus palpitaciones él que me habla y me lee y yo que escucho con ...