La lluvia es de noche;
es para siempre el sonido de la infancia.
O un valle seco
enmohecido
y allí jugábamos a roer nubes
a masticar vinagrillo.
Tú
mi zorro titilante
mecido por los rayos de la aurora
girabas entre las rocas
que son indicadores de hallazgo.
Te pierdo en la ola
te rompes en la orilla
te come las uñas el rito de mirar hacia atrás.
Allí jugábamos
dormíamos con la boca líquida
y los ojos, ópalos luminosos,
tenían el verbo - huir - inscrito en su centro.
Huir
o despoblarse
o correr al cerro con sus pájaros aguados.
Huir
o irse irse irse en el sonido de - lo encontrado -
o forjar maravillas en la arena.
No vienes a besar mi ventana,
que es tuya cuando llueve
y permanece transparente
como un rostro de hecho de ecos.
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