NO SE CONFUNDA DE
NOMBRE
La particularidad radica en que tres
construcciones nuevas colindan notoriamente: el Hospital, el Estadio Municipal
y el Cementerio. Entre escombros y cintas de peligro, uno que otro ratón
mordiendo conchas y huesos. El cerro sopla su falda sucia, arranca negros
polvos a sus orillas. Y ella va, caminando, delgadísima, cruzando buganvilias
que supieron sobrevivir al humo, al vapor, a los golpes de calor. En las
paredes, alguien graffitió zorros, bombas y advertencias. Los basureros
dispuestos en cada esquina anuncian – CUIDA EL MEDIOAMBIENTE -. Y ella va,
caminando, con los huesos cansados porque el cuero que la cubre se va cayendo
como una lengua muerta y pesa lo mismo que un yunque. Quizás, en algún momento,
ella supo hacer lo mismo que las otras ellas: correr tras las palomas, competir
con las gaviotas, rendir homenajes al sol. Y ahora, pobrecita ella, tan
chiquitita, escuálida, temblando día y noche, tosiendo sangre. Se supone que
hay tanta electricidad, tanto hospital, tanta pierna habilitada en las canchas
remodeladas. ¿Por qué nadie le ofrece un cuerpo? ahí va, otra vez, cruzando el
cementerio y las pérgolas, sobre las flores descartadas, por podridas y feas,
igual que ella porque si fuera lo contrario tendría esas tetas rezurcidas y ese
hocico menos sediento y los ojos abiertos como dos aceitunas y no como dos
tajos que se van abriendo paso hacia el piso.
Alguien decía que
vivía donde esa vecina y también en la sede y también en el jardín y también
donde esa otra vecina que observa las estrellas cada vez que se cruza una
animita. En la termo también niña, si de
allá viene, allá la botaron, como cuando se tiran los papeles y las mugres desde
los autos y cayó por aquí, el viento la trajo, igual que la polvareda, la
diferencia es que esta se nota menos que las chimeneas y molesta más, porque es
fea y porque no sé niña, está bien alejadita de la mano de dios y tiene las
tetas colgaaaando, las ocho tetas colgando como tiradas desde las alcantarillas
y su paso es lento, lento porque se va deshaciendo con los años y sus heridas
abiertas y purulentas se expanden. De algún lado vendrá, porque de aquí no era,
de aquí tampoco, no si tampoco era mía no sé porque dicen que yo la traje y vo
que tanto te preocupai porque no la tení en tu patio y porque po si ella se
maneja en la calle, ella sabe que ya no puede parir, que se va cayendo de
cabeza a cola y más encima no acepta ni las migas de pan de la once, es mal
agradecida por eso el viento la tiró cerca del cementerio, al lado de los
basureros, donde los ratones la esperan para comérsela y roerla cual charqui,
como cuando tu tío Alberto colgaba los filetes salados de guanaco, burro,
caballo y vaca en las sogas de la casa… así mismo se la van a comer y menos mal
que son hambrientas las gaviotas también, porque así se va directo al cielo la
pobrecita, no ve que no es de nadie, porque aparte la cancha nueva se ve fea
con tanta perra arrastrándose, como mendrugos a las palomas.
Y qué veo, porque
ya los ojos se me achican de tanta lagaña, de tanto pestañear la sarna y el
otro día esa señora dijo que me iba a tirar bencina para la cuestión, pero
mientras su vecina se despedía y daba media vuelta, me pegó una patada en las
costillas. Yo me fui, me fui y las buganvilias de aquí me parecen tan hermosas,
recuerdo la primera casa donde vivía, donde la reja estaba cubierta por unas
fucsia, parecía que mientras más abandonada la planta más crecía y más se
alimentaba. Yo me siento un rato a mirarlas, porque siento que somos hermanas
pero yo no tengo esas flores escondidas, esa sed y esa hambre que las hace
crecer tremendas; tengo ganas de caminar eso sí, siempre por Huasco III, total
aquí me trajo el olor a basura, para acá corría el vapor de la termo cuando el
viento empujaba la tarde y vine y qué lindo encontrarme con estas plantas, tan
solitas y crecidas… igual me parezco, si en algún momento el pelaje me brilló
más o menos y uno que otro pendejo me hacia cariño y me robaba las guaguas, no
sé porque siempre me robaban las guaguas pero nunca me robaron a mí, nadie me
atajó en su encuentro, no me resistieron… debe ser porque soy más grande que
una guagua, debe ser porque en los basureros dice – CUIDAR EL MEDIOAMBIENTE – y
yo no me llamo medioambiente, quizás mis guaguas se llamaban así y yo me llamo
buganvilia.
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