martes, 24 de marzo de 2026

NO SE CONFUNDA DE NOMBRE

 

 

NO SE CONFUNDA DE NOMBRE

 

 La particularidad radica en que tres construcciones nuevas colindan notoriamente: el Hospital, el Estadio Municipal y el Cementerio. Entre escombros y cintas de peligro, uno que otro ratón mordiendo conchas y huesos. El cerro sopla su falda sucia, arranca negros polvos a sus orillas. Y ella va, caminando, delgadísima, cruzando buganvilias que supieron sobrevivir al humo, al vapor, a los golpes de calor. En las paredes, alguien graffitió zorros, bombas y advertencias. Los basureros dispuestos en cada esquina anuncian – CUIDA EL MEDIOAMBIENTE -. Y ella va, caminando, con los huesos cansados porque el cuero que la cubre se va cayendo como una lengua muerta y pesa lo mismo que un yunque. Quizás, en algún momento, ella supo hacer lo mismo que las otras ellas: correr tras las palomas, competir con las gaviotas, rendir homenajes al sol. Y ahora, pobrecita ella, tan chiquitita, escuálida, temblando día y noche, tosiendo sangre. Se supone que hay tanta electricidad, tanto hospital, tanta pierna habilitada en las canchas remodeladas. ¿Por qué nadie le ofrece un cuerpo? ahí va, otra vez, cruzando el cementerio y las pérgolas, sobre las flores descartadas, por podridas y feas, igual que ella porque si fuera lo contrario tendría esas tetas rezurcidas y ese hocico menos sediento y los ojos abiertos como dos aceitunas y no como dos tajos que se van abriendo paso hacia el piso.

Alguien decía que vivía donde esa vecina y también en la sede y también en el jardín y también donde esa otra vecina que observa las estrellas cada vez que se cruza una animita.  En la termo también niña, si de allá viene, allá la botaron, como cuando se tiran los papeles y las mugres desde los autos y cayó por aquí, el viento la trajo, igual que la polvareda, la diferencia es que esta se nota menos que las chimeneas y molesta más, porque es fea y porque no sé niña, está bien alejadita de la mano de dios y tiene las tetas colgaaaando, las ocho tetas colgando como tiradas desde las alcantarillas y su paso es lento, lento porque se va deshaciendo con los años y sus heridas abiertas y purulentas se expanden. De algún lado vendrá, porque de aquí no era, de aquí tampoco, no si tampoco era mía no sé porque dicen que yo la traje y vo que tanto te preocupai porque no la tení en tu patio y porque po si ella se maneja en la calle, ella sabe que ya no puede parir, que se va cayendo de cabeza a cola y más encima no acepta ni las migas de pan de la once, es mal agradecida por eso el viento la tiró cerca del cementerio, al lado de los basureros, donde los ratones la esperan para comérsela y roerla cual charqui, como cuando tu tío Alberto colgaba los filetes salados de guanaco, burro, caballo y vaca en las sogas de la casa… así mismo se la van a comer y menos mal que son hambrientas las gaviotas también, porque así se va directo al cielo la pobrecita, no ve que no es de nadie, porque aparte la cancha nueva se ve fea con tanta perra arrastrándose, como mendrugos a las palomas.

Y qué veo, porque ya los ojos se me achican de tanta lagaña, de tanto pestañear la sarna y el otro día esa señora dijo que me iba a tirar bencina para la cuestión, pero mientras su vecina se despedía y daba media vuelta, me pegó una patada en las costillas. Yo me fui, me fui y las buganvilias de aquí me parecen tan hermosas, recuerdo la primera casa donde vivía, donde la reja estaba cubierta por unas fucsia, parecía que mientras más abandonada la planta más crecía y más se alimentaba. Yo me siento un rato a mirarlas, porque siento que somos hermanas pero yo no tengo esas flores escondidas, esa sed y esa hambre que las hace crecer tremendas; tengo ganas de caminar eso sí, siempre por Huasco III, total aquí me trajo el olor a basura, para acá corría el vapor de la termo cuando el viento empujaba la tarde y vine y qué lindo encontrarme con estas plantas, tan solitas y crecidas… igual me parezco, si en algún momento el pelaje me brilló más o menos y uno que otro pendejo me hacia cariño y me robaba las guaguas, no sé porque siempre me robaban las guaguas pero nunca me robaron a mí, nadie me atajó en su encuentro, no me resistieron… debe ser porque soy más grande que una guagua, debe ser porque en los basureros dice – CUIDAR EL MEDIOAMBIENTE – y yo no me llamo medioambiente, quizás mis guaguas se llamaban así y yo me llamo buganvilia.

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