es un virus,
una sintomatología que brota desde la noche.
Enferma o Comprometida con mi genealogía, voy clamando silenciosamente...
¿Y si el lenguaje es el muro?
No tuve escrituras primarias
y aún así escribo
para desfigurar el dolor
o la historia
o esgrimir con palabras,
nada más y nada menos
que un vacío, unos ojos críticos,
alarmantes...
Si pudiera desmontar o desintegrar
esta infraestructura abecedaria,
la maldición de saber siempre que las ventanas
son dos lados del abandono.
El saxofón es una cosa angelada, rota, carnosa
y me rompe
y las palabras son vidrios tras la luz,
repartidos en el aire.
¿acaso no hay que saborear los accesos, la prudencia?
¿acaso el amor, la amistad, la familia, el trabajo, el perro recogido de la calle?
Vidrios en el aire
como moscas mensajeras, luminosas.
El saxofón, el rito de escoger
los desencuentros
porque se ha intentado,
se ha intentado y no se ha podido
Se ha besado al principe y se ha muerto
Se ha besado al sapo y se ha muerto
La noche me ha besado
la sangre
Soy suya para siempre
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