miércoles, 22 de abril de 2026

 No se puede seguir con esta fábula sin ambientación física, sin espacialidad. Tus animales están desechos, los ocupaste, les clavaste lápices, anotaciones, cuchillas roídas por la niebla. No se puede. No tiene sentido la prolongación de un estado al que solo van las cosas idas, desmaterializadas, con la mirada puesta en un punto delirado. A veces, la indicación moral te sustrae, te secuestra. Podrías llorar, sí, como llorabas en la pirca, rodeada de lagartijas. Una lagartija no tiene porqué ser una fábula. En contrasentido, podría ubicarse en el lugar de que todo el mundo es una pirca para ella y que tú no puedas reconocer la regeneración, que mal entiendas la mutilación, es algo que resulta pedagógicamente triste. ¿Te acuerdas de los abanicos de cartón, grandes y firmes? las primeras esculturas utilatarias que realizaste. Ahora, volar sobre un abanico y lanzarse, sin tropiezos, desde las capas bajas del cielo a favor del río, a favor de sus peces lujuriosos y su ambientación acuática. Eso sería una manera de esculpirse, de seguir en el interior de las cosas sin ser sustraída por imágenes mentales. Cabecita de agua, de agua... 


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