jueves, 8 de enero de 2026

La existencia. Vuelan papeles, hojas de acacia, amarillas y empolvadas. Las cosan flotan sin su peso constante. Flotan y chocan contra el muro. Debajo, otros elementos caídos. En la orilla del muro, se acumulan nombres, codigos, programaciones. Siento que colisiono y una revelación de nombres me asalta de golpe; me hunde en su abecedario. No comprender qué ni cómo, sólo recogerse y llevarse, con visiones estropeadas, pero determinadamente. Hay una vela en el cuarto, encendida y consumida suavemente. Este pequeño ardor es lo que siento. Este ardor tiene un límite, una ida a nada, a brazos separados por una pared de vidrio. Tienes el don, me digo. La vela se apaga. La luz no desaparece cuando la sombra abre su boca, cuando las ventanas se rompen. La ciudad y su ruta, el miedo a caer en una fosa eléctrica. Algo en mí se vuela como un papel viejo, inadecuado para sí mismo. Es el abandono de las palabras, la transhumancia de los lenguajes, los vocablos. Incluso el silencio me espera lejos, lejos de la ciudad...

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me señala esta luz dorada sobre los ojos y me cubre la sed con su roce, con sus palpitaciones él que me habla y me lee y yo que escucho con ...