miércoles, 29 de octubre de 2025

cómo se oyen las animitas

Hoy mis enfermedades han brotado como hortensias ruinosas, despiadadas. Toda la mañana suplicando al viento; a las hojas del alerce. ¿Dónde se fueron? ¿por qué los he perdido y los encuentro sólo antes de dormir?

Protuberancias en el rostro, quemaduras en la dermis. Siento como si alguien tomara un fierro ardiendo y me marcara. Al menos, una mano tendida digitalmente. Materialmente. Una mano que no suelto y que lloro bajando la cabeza, sentada en el piso. Mi verbo o mi capacidad comunicante es un alud y una creciente en la ribera y también un sonido de rata pisoteada. En los hospitales hay guardias, protocolos de seguridad, de sanidad. Tú tienes un número, una categoría, un diagnóstico ¿y que harás? ¿te irás a celebrar la vida a Contramanos? ¿sonreirás a la químico cuando diga a quién pertenecen tus remedios? sí y no y sí no sí

El silencio sostiene eso que no quieres figurar para los otros. Anoche recordé un objeto que caía ardiendo sobre la costa de Huasco. ¡Qué fuerzas! qué verdadera es la transfiguración de los minerales que arden y se funden y combinan con el agua. Amo el orden que se extiende desde todas partes, como una Estrella del Kaos. El orden en el sentido de la hiedra escalando muros y postes para alimentarse de sol. Esa complementariedad, incluso voraz o arbitraria, pero ardiente porque es el movimiento que permite la supervivencia. 

Los libros de terror me parecen fatales. Un hada o una gata vieja o, incluso, un simple lápiz de madera me parecen más tenebrosos que la historia sobre un YO sombrío que se desprende de otra sombra. Debajo de mi cama y quizás ese es mi error, hay poemas sin concluir; dibujos a medias, gatos sin ojos. Eso me persigue, la disparidad, la incorporación total de la incompletitud. Mi Maneki-neko está, por todas partes, lóbrego, ausente, símil a un pozo viejo de Incahuasi y aún así, sin la fuerza de la longevidad, de la permanencia. 

¿se odia la espera? Sí, la de los hospitales
¿se odian los hospitales? Sí, por las cruces escondidas y aún más abajo, por las osamentas de los indios, taponeadas por la salud del proyecto.

He pensado en nunca volver a amar. No hoy, sino especialmente hoy. Mi estado físico es el de una persona que combate, a cualquier costo y de cualquier manera, su propia capacidad amatoria. Mi espíritu: carne que es agua cuando se habla con la noche y el desierto: toda ofrenda, toda rito.

Me voy sacrificando en el sentido de entregarme pura o contaminadamente a los rincones más profundos de lo vivo, inexactos, donde guarecen las transformaciones, la metamorfosis del cuerpo en lombrices o pólvora. 

Correr a la nada, rápidamente.
Allí me encuentro y me abalanzo en mi contra.  

- Estás donde la noche no crece, donde la música es el sonido de una retroexcavadora. 
- Estoy tentando a la suerte - me dices - cuando lo que estoy haciendo es alcoholizarme y escribir y descuerar máscaras. 
- Estás sobre mí.
- Estaré por siempre sobre mí. Sobre mí y debajo o al costado o flotando. 
- ¿Tienes el espejo que promestiste? Rómpelo. Rómpeme. 


lunes, 27 de octubre de 2025

Las cortinas se descorren antes de romper el vidrio

El corazón
es un virus,
una sintomatología que brota desde la noche.

Enferma o Comprometida con mi genealogía, voy clamando silenciosamente... 

¿Y si el lenguaje es el muro?
No tuve escrituras primarias
y aún así escribo 
para desfigurar el dolor
o la historia 
o esgrimir con palabras,
nada más y nada menos 
que un vacío, unos ojos críticos,
alarmantes...

Si pudiera desmontar o desintegrar
esta infraestructura abecedaria,
la maldición de saber siempre que las ventanas
son dos lados del abandono.

El saxofón es una cosa angelada, rota, carnosa
y me rompe
y las palabras son vidrios tras la luz,
repartidos en el aire.

¿acaso no hay que saborear los accesos, la prudencia?
¿acaso el amor, la amistad, la familia, el trabajo, el perro recogido de la calle?

Vidrios en el aire 
como moscas mensajeras, luminosas.

El saxofón, el rito de escoger
los desencuentros
porque se ha intentado,
se ha intentado y no se ha podido

Se ha besado al principe y se ha muerto
Se ha besado al sapo y se ha muerto

La noche me ha besado
la sangre

Soy suya para siempre





lunes, 13 de octubre de 2025

Se dice muro
cuando se dice < condiciones para el lenguaje >

En la noche
los taxistas me aman me besan me profesan amor de padre responsable y sexópata;
en la noche,
los paraderos transfiguran en boutiques de cuerpos vaporosos,
de perro huérfano que muerde metales cuerina fake furr

Te amo
Me gusta lo que haces
Te pareces a mi sobrino

Cuando nombro estrellas lejanas,
probablemente muy muertas o muy paridoras,
plenas de interior... cierras los vidrios
y me volteas
y me masticas como un gajo de naranja

Hoy la noche es sólo sombra;
está cosida por el revés
y en las paredes,
inscripciones ayerosas,
confesoras...

No quiero ser
nunca
reparada
porque lo roto está roto desde el centro
y el centro
es
el espíritu
o la ira
o la provechosa deshonra
de cabalgar hombres por plata

Aprendo
Aprendo

No te pienso
No te pienso
y aún así
vienes pobremente
vienes pobremente a salvarme de nada

Y no estaré
Y no estaré
porque la noche
está bella y es alérgica y se ahoga y escupe rojas estaciones / doradas grutas

Y no estaré
/ eso se cree /
porque la noche
me tiene
cosida en su vientre
de loca / eléctrica
perra

miércoles, 1 de octubre de 2025

siempre hay velocidad y siempre nos alcanzamos

En bancas despedazadas,
como patas de gallina desnutrida,
la noche se arremanga su carne, pálida
y violácea
y me tararea los cantos despoblados;
la voz
de borrachera despechadísima y lunática y espléndida.

¿Cuándo volví
a ti?
¿volví
con
deseos de escupir testamentos, cosas importantes, orgullos imperiales?

Intensísima velocidad
en todo lo existente;
la parálisis  /  metáfora devoradora
y me oxido;
algo se queda delante
o atrás
o se une
a las partículas de los charcos plateados
y a las moléculas de los autos que huyen de la policía.

Siempre hay velocidad;
velocidad 
cuando leí < tendrás que escribir 
siempre siempre en la boca del lobo >

Hay movimiento 
aún
en las bocas cosidas de las sombras;
y en el vientre de los muertos,
unidades pierden
sus componentes comunes.

El gemido geriátrico
La mirada tras las cortinas de los buses patéticos
y en la tos imparable;
o, 
velocidad,
cuando
voy en retirada,
galopando caballos imperdonables, cariñosos...
lejos de ti.


La velocidad
La velocidad
¿Jich'a?



me señala esta luz dorada sobre los ojos y me cubre la sed con su roce, con sus palpitaciones él que me habla y me lee y yo que escucho con ...