Hay limones listos para la cosecha, pero nadie los toma, sólo su peso y la caída. Eso es fuerza. El golpe gravitante. Así funciona, ahora, esta afección que se derrumba y choca contra otro cuerpo que es el cuerpo del silencio o el cuerpo de las piedras en la voz. Mi voz es monolito. Mi voz relampaguea y hace señas de ahogado cuando alguien dice < nunca es tarde > porque < siempre ha sido tarde > para quienes estamos muertos de antemano. Y voy, con un duende que besa la lluvia y se abandona, se descorporiza.
¿Mañana estaré triste, enormemente triste, alimentando a jueves como un perro destripado?
Conoceré nuevamente el mundo y nuevamente me habrá parecido una extensa corrida de tumbas; nuevamente el muro tendrá voz y no ecos y querrá trepar la hiedra, la hiedra polvorosa, dolorosa...
Put me in a movie, put me in a movie...