¿Debo confiar? ¿debo seguir?
Tengo miedo, a pesar de mi capacidad para despejar insomnios, pesadillas. ¿De qué? ¿de abandono repentino? ¿qué puedo temer, a esta hora, con alguien que parece respirar dulcemente mientras duerme? ¿lo amo? ¿Él a mí?
La noche es un ruido frío, cálida sólo en luz. Grandes anuncios comerciales forman avenidas luminosas, facciones céntricas y refulgentes de la ciudad. En mí, un mirlo, azulado y rojo, no trina, no imita. Llora o vocaliza apenas suspiros, vapores. Es un mirlo andrógino, mutante, silencioso, kamikaze. Choca contra mi voz todo el tiempo; picotea mis adentros y, detrás de la mirada, se ubica, sólo y lejano. Él reemplaza mis ojos, el conduce mi visibilidad. No me vuelve inconsistente. No me deja para siempre. Se interna en mí y me ama, me seduce con su canto de noche, de moribundas expansiones...